Hace poco más de una semana, el Gobierno de Cantabria anunciaba el proyecto Olucas Surf Center, un complejo privado de 40 millones de euros con el que aspira a reforzar el liderazgo de la comunidad como uno de los grandes destinos del surf. Sin embargo, el anuncio ha generado un aluvión de críticas y ha vuelto a poner sobre la mesa una reivindicación que el mundo de la natación considera pendiente desde hace décadas.
Cantabria, junto a Castilla-La Mancha, es una de las dos únicas comunidades autónomas que todavía carecen de una piscina olímpica homologada —50 metros de largo por 25 de ancho y una profundidad mínima de 2,7 metros—, una infraestructura que las federaciones afectadas y los propios deportistas llevan años reclamando por considerar que resulta clave para el desarrollo de la natación y de otras disciplinas acuáticas.
En este contexto, el impulso institucional a la piscina de olas ha vuelto a poner el foco sobre esa carencia histórica. Los nadadores no cuestionan la apuesta por el surf ni la llegada de una inversión privada de 40 millones de euros. Lo que reprochan es que, mientras Cantabria impulsa una instalación concebida para reforzar su atractivo turístico y deportivo, siga sin dar respuesta a una reivindicación histórica que, aseguran, «condiciona el presente y el futuro de cientos de deportistas de la comunidad».
«Todo lo que se invierta en deporte es genial, tanto en surf como en natación o en cualquier disciplina», aclara desde el principio Alberto P. Ceballos, nadador con más de tres décadas de experiencia en competición y deportista de natación adaptada. Pero inmediatamente introduce el matiz que resume el sentir de buena parte del colectivo: «Lo mismo que se invierte en el surf se puede invertir en la natación, que llevamos años reclamando y es algo necesario en la comunidad».
La ausencia de una piscina olímpica no es un problema nuevo. Ceballos recuerda que ya formaba parte del debate cuando comenzó a competir siendo un niño.
«Tengo 42 años, llevo compitiendo desde los ocho y ya entonces se hablaba de construir una piscina homologada de 50 metros. Todavía no se ha conseguido»
Mientras otras comunidades disponen de este tipo de instalaciones, Cantabria continúa sin una piscina homologada que permita celebrar competiciones oficiales de verano o entrenar en las mismas condiciones que el resto de deportistas nacionales.
El resultado, explica, es que los nadadores que destacan terminan abandonando la comunidad para continuar su progresión deportiva.
«Tenemos nadadores destacados, pero no tenemos la capacidad de hacerles crecer más todavía. Al final, cuando un nadador destaca en Cantabria lo que tiene que hacer es irse a otra comunidad donde haya unas infraestructuras más acondicionadas»
Competir en desigualdad
La reivindicación va mucho más allá de disponer de una instalación moderna. Según explica Ceballos, la falta de una piscina de 50 metros condiciona directamente las opciones competitivas de los deportistas cántabros.
Los campeonatos nacionales de verano y las principales marcas oficiales se realizan en piscinas olímpicas. Cantabria no puede organizarlos ni preparar a sus deportistas en igualdad de condiciones.
A ello se suma el cambio introducido por la Federación Española de Natación en el sistema de clasificación mediante puntos AQUA, que, según sostiene, perjudica especialmente a quienes solo entrenan y compiten en piscinas de 25 metros.
«Los nadadores que solo pueden competir en piscinas de 25 se ven más afectados. Es más difícil conseguir las mínimas y eso genera frustración en la gente joven»
Una frustración que, advierte, termina repercutiendo en el abandono deportivo.
«Es un deporte muy sacrificado. Entrenas muchas horas y, si encima no puedes tener las mismas oportunidades que otros porque no tienes una piscina de 50 metros, acabas frustrándote»
Mucho más que natación
Uno de los argumentos que más repite durante la conversación es que la construcción de una piscina olímpica no beneficiaría únicamente a los nadadores.
Según explica, también daría servicio al salvamento y socorrismo, las actividades subacuáticas, el triatlón, el waterpolo, la natación artística, la preparación para aguas abiertas e incluso al deporte adaptado.
Su propia experiencia sirve como ejemplo.
«Yo me he tenido que ir a otra comunidad para que me clasificaran como nadador adaptado porque aquí no me podían valorar en una piscina de 50 metros»
Esa circunstancia impide incluso organizar determinadas competiciones inclusivas en Cantabria.
El otro argumento: la economía
El Gobierno defiende el proyecto Olucas Surf Center por su capacidad para generar empleo, atraer turismo durante todo el año y reforzar el liderazgo de Cantabria como destino de surf.
La futura instalación, promovida íntegramente con capital privado, prevé recibir más de 200.000 visitantes anuales, crear entre 60 y 100 empleos directos y convertirse en la primera piscina de olas de estas características en el norte de España.
Ceballos no cuestiona ese impacto económico. De hecho, sostiene que una piscina olímpica también podría convertirse en un motor para la comunidad.
Como ejemplo cita el Campeonato de España Máster de natación, que este verano reúne en Logroño cerca de 1.600 deportistas, además de familiares y acompañantes.
«Toda esa gente se desplaza, duerme en hoteles, consume en restaurantes y genera actividad económica»
En su opinión, Cantabria podría aspirar igualmente a organizar campeonatos nacionales e internacionales si dispusiera de unas instalaciones adecuadas.
Una comparación inevitable
Durante la entrevista aparece de forma recurrente la comparación entre ambas inversiones.
Ceballos explica que hace años conoció un proyecto para construir una piscina olímpica cuyo coste rondaba los cuatro millones de euros, una cifra muy inferior a los cerca de 40 millones previstos para la piscina de olas.
«Era lo que hablábamos antes: 40 millones para una piscina de olas y cuatro millones para una piscina para desarrollar el deporte que llevamos décadas practicando en Cantabria»
No plantea la comparación como una crítica al surf, sino como una reflexión sobre las prioridades.
De hecho, reconoce que le sorprendió el anuncio porque Cantabria ya dispone de algunas de las mejores playas del país para practicar este deporte.
«Me resulta llamativo que precisamente en una región que tiene algunas de las mejores playas para surf se construya una piscina de olas. Lo entendería más fácilmente en una comunidad de interior»
¿Turismo o deporte?
El Ejecutivo autonómico presenta la instalación como un proyecto deportivo y turístico al mismo tiempo.
Para Ceballos, sin embargo, el equilibrio se inclina claramente hacia la segunda vertiente.
«Yo creo que esta apuesta es más por el turismo que por el deporte»
Aun así, insiste en que no se opone a la iniciativa.
«Todo lo que sea invertir en deporte me parece perfecto»
Su reclamación es otra: que el impulso institucional hacia nuevas infraestructuras no deje atrás una demanda que considera imprescindible para el deporte federado.
Una demanda que no desaparece
Cantabria llegó a disponer de una piscina descubierta de 50 metros en el complejo del Albericia, donde durante años se celebraron campeonatos regionales de verano. Aquella instalación desapareció hace aproximadamente una década y desde entonces la comunidad ha quedado sin ninguna piscina olímpica homologada.
Mientras el proyecto de la piscina de olas avanza con la tramitación de un Proyecto Singular de Interés Regional y el respaldo del Ejecutivo autonómico, la reivindicación de los nadadores vuelve a cobrar fuerza.
«No hablo de partidos políticos ni de ideologías. Hablo de algo que es necesario para la natación, el salvamento, las actividades subacuáticas, el triatlón y muchas más disciplinas»
La futura piscina de olas promete situar a Cantabria entre los grandes destinos europeos del surf. Entretanto, los nadadores continúan esperando una infraestructura que, generación tras generación, sigue siendo una asignatura pendiente del deporte cántabro.




