Desde Santander o desde cualquier punto de la Península es fácil hablar de Ceuta. Es fácil opinar sobre la inmigración, sobre Marruecos, la frontera o sobre Pedro Sánchez. Es fácil, incluso, indignarse durante unos minutos delante de la televisión. Lo difícil es imaginar cómo se vive cuando esa crisis ocurre literalmente al otro lado de tu ventana.
Soy santanderina. Pero también soy, desde hace seis años, ceutí de corazón.
Mi vida está en Ceuta. Mi marido, mi hija, allí están mis amigos, muchos de mis mejores recuerdos, mis rutinas y tantas personas que han terminado convirtiendo una ciudad a más de mil kilómetros de Santander en mi casa y mi familia.
Por eso, hoy no escribo desde la distancia. Escribo desde el cariño, desde la preocupación y desde la necesidad de decir algo que los ceutíes necesitan escuchar: no estáis solos.
Lo que ha vivido la ciudad de Ceuta en las últimas semanas no puede dejar indiferente a nadie. Y mucho menos a quienes, desde la Península, tenemos allí una parte de nuestra vida.
Por ello, quiero aprovechar este espacio para hacer un llamamiento a todos los cántabros, y especialmente a los santanderinos, para que el próximo 2 de septiembre, a las 20:00 horas, en la plaza del Ayuntamiento de Santander, mostremos nuestro apoyo a una ciudad que tanto da a quien la visita, que acoge a quien llega a su tierra con los brazos abiertos y que, durante tantos años, ha sido un verdadero ejemplo de convivencia.
Porque Ceuta es España hasta la médula. Lo avala la historia, lo acredita el derecho y, lo más importante, lo quieren todos los ceutíes, recen como recen y se llamen como se llamen.
Por ello, se merecen que, en estos momentos difíciles, quienes estamos al otro lado del Estrecho les hagamos saber que no están solos.
Para llegar a Ceuta, uno sale de la Península, pero no de España. Y cuando una parte de España sufre, el resto no puede mirar hacia otro lado.
Hoy más que nunca, defendamos y cuidemos nuestro país.

