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India Rojo, bicampeona del mundo júnior: «Pensé que no me iba a volver a poner unos patines nunca más»

La patinadora de Bezana repasa con Galerna Press, junto a su madre y entrenadora, la lesión que casi le impide ir a Asunción, lo que cuesta recuperarse de ella y su salto a sénior
India Rojo en el Centro de Patinaje Alexmar | Fuente: Adrián Martínez
India Rojo en el Centro de Patinaje Alexmar | Fuente: Adrián Martínez

India Rojo, patinadora de Santa Cruz de Bezana a punto de cumplir 18 años, ha vuelto de Asunción (Paraguay) con su segundo oro consecutivo en el Mundial júnior de patinaje artístico. Llega en plena vorágine: «Ha sido un boom, no paro de entrevistas, de evento». Lo ha conseguido tras un año en el que una lesión de cadera, sufrida en febrero, la mantuvo prácticamente sin pisar una pista. Lo define como «un año con mucha frustración y un poco de shock sobre todo», aunque colgarse la medalla le ha dado «mucha satisfacción».

Se presentó en Paraguay con un programa largo de Blancanieves, «mi princesa favorita». Asegura que llevó a pista algo que «ninguna junior» había hecho: el año pasado presentó un triple y este año lo hacía en combinado. En el primer minuto incluía dos combinaciones con doble axel seguidas de dobles, y después «piruetas de gran nivel» que, según ella, marcaron la diferencia con las demás. Antes de la final sintió presión, reconoce, pero «me la ponía yo por ser mi único campeonato y por querer conseguir esa medalla».

Al salir de pista ya pensaba que «ese oro era mío», aunque admite que «unos jueces te lo tienen que decir». Después, cuenta, no sabía si llorar o reír, y lo celebró con un abrazo de su madre que «cuenta todo el esfuerzo de esta temporada», y con la patinadora italiana que fue subcampeona, con quien se lleva bien: «La deportividad sobre todo es súper importante». Preguntada por ser la primera en ganar dos Mundiales júnior seguidos, responde: «Al final es historia. He marcado mi nombre ahí donde quería».

«Pensé que no me iba a volver a poner unos patines nunca más»

La lesión llegó un miércoles, entrenando en el Centro de Patinaje Alexmar, la escuela de Bezana que dirige su madre. Primero le dijeron que era una rotura del psoas ilíaco y después del labrum. Recuerda aquel día «todo negro» y los siguientes como «los peores, porque sentía que no avanzaba, cada día iba peor». «Pensé que no me iba a volver a poner unos patines nunca más», cuenta, y además el diagnóstico tardaba en llegar: «Para mí fue una etapa malísima».

«Todo el mundo sí me decía que no iba a poder llegar, pero yo me imaginaba al final subir en el podium con esa medalla», afirma. La receta fue «mucho trabajo, sobre todo paciencia, mucha paciencia y confiar al final en los médicos, aunque me dijeran que no». Dos meses antes del Mundial seguía sin estar preparada y apenas saltaba, pero quince días antes ya se veía «con más fuerza» y «con ganas». Admite que tenía dudas, «pero yo quería ir a esa medalla y lucharlo».

El camino pasó por el Campeonato de Cantabria. India explica que la lesión empeoró allí porque la Federación Cántabra no le reservaba plaza para el Campeonato de España y tuvo que «forzar» en esa competición, lo que acabó en la rotura del labrum, «que fue muy dura». Lo que la salvó, dice, fue que la Federación Española le dio la plaza que se había ganado el año pasado: «Por reglamento, tenía este pase directo por lesión al Mundial». Aun así, la semana antes de viajar tuvo que grabar un vídeo para que la Federación comprobara que estaba en condiciones: «Pasé nervios, porque sabía que en ese vídeo me lo estaba jugando».

De cara al futuro, los médicos siempre le han dado la opción de operarse, pero ella prefiere fortalecer la cadera, controlar las cargas y dejar la operación «más a futuro, cuando verdaderamente quiera cerrar mi etapa deportiva». Tras el Mundial ha parado para que su cuerpo «se vuelva a equilibrar» y empezará a hacerse resonancias para ver cómo está.

«Un psicólogo te hace poner los pies en la tierra»

Durante el parón forzoso, cuenta, entrenó sobre todo la cabeza: «Siempre estaba pensando qué será de mí en octubre, cómo lo haré, cómo lo replantearé». También se centró en los estudios, con la prueba de acceso a la universidad para empezar la carrera de Psicología, y siguió yendo a Alexmar para ayudar a sus compañeros, en especial a su hermano Darío, que tenía campeonatos de España.

Trabaja con una psicóloga deportiva, Esperanza, con la que analiza sus puntos fuertes y débiles y prepara cada competición días antes, con los imprevistos y los factores externos, jueces incluidos. Después se analiza lo ocurrido y por qué. Eso, explica, sirvió también el día de Asunción, cuando estaba «eufórica»: «Un psicólogo te hace poner los pies en la tierra y no pensar tanto en la alegría, sino en cómo ha sucedido y por qué». Le recuerda que no lo ha conseguido «porque ha habido suerte, sino porque lo has trabajado un montón».

Antes de salir a pista tiene un ritual: besa un peluche que compra en cada Mundial, «ahí es donde yo verdaderamente me centro un poco en mí», y después abraza a su madre. De esos peluches calcula que ya tiene «más de 50».

«La medalla prácticamente no es mía, es de ella»

Su madre, Alexia Rojo, es también su entrenadora y la directora de la escuela. «Sin ella yo no estaría aquí», dice India, «porque es un deporte muy sacrificado» y hay «un montón de obstáculos». En las competiciones, con la presión «enorme», tener a alguien de confianza «ayuda muchísimo». Al terminar cada ejercicio, la primera a la que mira es a ella: «Yo sin ella no sería quien soy y la medalla prácticamente no es mía, es de ella». De las broncas dice que no las hay como tal: «Se hablan las cosas».

Alexia fue patinadora internacional, con campeonatos de España, de Europa y del mundo, y le ha transmitido que se enfoque en sí misma y no en los factores externos. India recuerda que su madre «nunca tuvo el camino fácil» y que le insiste en que no pare, porque tiene «más fuerza y sobre todo más talento» de lo que cree.

Galerna Press habló también con Alexia, que vivió el título como «un sueño hecho realidad». El año de la lesión, en cambio, fue «realmente duro»: «De repente me faltó mi otra mitad» y tuvo que seguir con la escuela, los campeonatos y los viajes de sus alumnos mientras su hija estaba en casa «sin poder tener nada planificado». Cuenta que los médicos no daban soluciones, que India no podía dormir por los dolores ni subirse al coche, y que buscaron «todo tipo de medios, de médicos para salvar la situación».

Alexia está convencida de que «otra atleta no lo hubiera superado»: «Lo más fácil hubiera sido tirar la toalla». Describe a su hija como «una leona cuando trabaja» y como «el patinador soñado para cualquier técnico: fuerte, dura, resistente, trabajadora y disciplinada».

Chicos y chicas en un deporte «minoritario»

Con dos oros, India se ha convertido en referente de la escuela. «Es siempre lo que he soñado», cuenta, y procura ser cercana para poder dar consejos. Las niñas le preguntan cómo ha superado la lesión, cómo mantiene la motivación o qué hace en los entrenamientos malos. Lo hacen porque «muchas niñas sobre todo lo dejan súper pronto», explica, y ella les recuerda que el momento de estancarse significa que «estás consiguiendo cada día un poco más».

Sobre cómo viven los chicos un deporte con tradición de mayoría femenina, India matiza que en la alta competición «somos más o menos iguales». Hay más niñas cuando son pequeños, porque a los niños «siempre se les mete a deportes un poco masculinos», y los comentarios llegan al principio. «Una vez que ya empiezan a ganar medallas es como que ya no empiezan a ver esos comentarios», señala. Alexia lo ve en casa: su hijo Darío, de 13 años, hace fútbol y patinaje, y sus amigos del fútbol le dicen «yo quiero ir a patinar con tu madre» porque «tiene unos abdominales, tiene unos bíceps». Según su madre, «la idea que tienen los jóvenes del patinaje de chicas está muy normalizada», al menos en su escuela. Darío acaba de volver de la Copa de Europa en Alemania con un bronce.

El problema, dice India, no es el género, sino la visibilidad: «Siempre decimos que es un deporte minoritario, pero somos una gran cantidad de deportistas». En ayudas económicas y en visibilidad, admite, «estamos más apagados». No entiende por qué no son olímpicos, si «somos igual que el patinaje de hielo pero con ruedas».

«No he recibido ayudas de ningún lado»

A la pregunta de cómo es recuperarse de una lesión así a nivel económico, responde: «Es súper duro. En mi caso yo he tenido muchísima ayuda de mi familia, menos mal, porque no he recibido ayudas de ningún lado. Si no llega a ser por el aporte económico de mis padres, yo este año no podría haber hecho el Mundial y seguramente hubiera tenido que dejar el patinaje». Añade que «a un deportista que no tenga esa facilidad económica, tener que dejar su deporte por no tener esas ayudas es algo súper duro que ninguno deberíamos de afrontar».

De las federaciones dice que «no me aportan absolutamente nada»: la cántabra, «absolutamente cero». La española, cuenta, cubre en un Mundial el viaje, el hospedaje y las dietas «del deportista, de su entrenador», y en un Europeo solo dietas y hospedaje. Alexia lo ve distinto: dice que a ella, como entrenadora, no se lo pagan, y sostiene que mandar sola a su hija a Asunción «la dejas a la mitad», porque el apoyo del técnico en los últimos momentos antes de salir a pista es decisivo.

Sí ha recibido este año la beca del Consejo Superior de Deportes por ser campeona del mundo, la primera. En 2023, con el cuarteto, el Gobierno de Cantabria la ayudó con el viaje, pero en los años de modalidad individual no ha recibido ayuda para pagar a su entrenadora, que es su madre. Tiene respaldo de marcas como Roll-Line y Edea, que le dan los patines, y de otras de ropa, aunque cuesta, porque «como es un deporte minoritario, nadie quiere intentar meterse en él». Los viajes, recuerda, son a sitios como China, Paraguay y, el año que viene, Estados Unidos: «Gastos muy grandes que hay gente que no puede afrontar».

Alexia lo resume así: «Tener un deportista de élite en casa es arruinarse como padre, porque no paras de trabajar para pagar, pagar, pagar». Enumera los gastos en nutrición, preparación física y técnica, coreografías y trajes: «Ayudas no tenemos». Todo lo que invierte en su trabajo, añade, es «para poder sufragar los gastos de mi patinadora».

Tras el Mundial, India asegura que las instituciones la han llamado. En Bezana, el concejal de Deportes y la alcaldesa «me han cogido con los brazos abiertos», y a su llegada al aeropuerto también acudió la alcaldesa de Santander. «He sentido que he tenido a mi tierra a mi lado», dice. En lo económico, sin embargo, «aunque consigas medallas no hay aportaciones, pero por lo menos que te feliciten, se agradece». Espera que la repercusión del vídeo ayude: «Es un deporte muy sacrificado económicamente y sobre todo físicamente».

«Voy a ir a por ese tercer oro mundial»

El año que viene será su primera temporada sénior, con apenas 18 años, y no piensa en adaptarse: «Voy a intentar luchar esas medallas, sobre todo voy a ir a por ese tercer oro mundial». Cree que este año podría haberlo conseguido si se hubiera presentado en absoluto: «La de absoluto sacó 127 y yo 130», un dato que le da «un respaldo bastante grande». Quiere «enseñar que una junior puede estar ahí arriba» y volver a las cuatro ruedas, su modalidad de origen, que la lesión no le ha dejado practicar.

Miedo, asegura, no tiene: «Entro de nueva, voy a ser novata, siempre pienso que no tengo nada que perder». Y añade: «Si no la consigo, no pasa nada, porque soy la más pequeña y es lógico». Su lema es darlo todo y no quedarse nunca con la espina de «podía haber dado más»: «Esa es una frase que nunca estará en mi vocabulario».

Su sueño, dice, es que su hermano llegue donde ella ha llegado, acabar Psicología, «forjarme bien como una gran entrenadora como es mi madre» y ser psicóloga deportiva. A la niña a la que le dicen que «esto no es para ti» le aconseja que «nunca se tiene que aferrar a las palabras que le digan: ella va a saber verdaderamente qué obstáculos tiene y hasta dónde puede llegar. Todo con trabajo se consigue».

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