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Los jóvenes españoles enfrentan la sobrecualificación y el desempleo como sus principales desafíos laborales

La tasa de paro juvenil repuntó hasta el 25,42% al cierre del tercer trimestre, casi nueve décimas más que en el periodo anterior

En la actualidad, la población joven se enfrenta a un panorama laboral lleno de desafíos y contradicciones. A pesar de contar con una sólida formación académica, muchos jóvenes se encuentran con un mercado de trabajo que no valora plenamente sus cualificaciones. La sobrecualificación y la creciente escasez de vacantes son solo algunos de los obstáculos que dificultan que la juventud pueda desarrollarse como profesional en el ámbito para el que se formó. “Aquí llevo ya cinco años, pero creo que tuve suerte: entré en el momento indicado, cuando hacía falta gente, y al final te ganas la confianza”, manifiesta Dani, estudiante de Psicología y dependiente en El Corte Inglés.

Durante décadas, la educación superior —es decir, la universidad— ha sido considerada la llave maestra para garantizar un futuro profesional próspero. Sin embargo, la realidad actual dibuja un escenario distinto. Aunque el número de jóvenes con títulos universitarios ha aumentado de forma notable, ello no se ha traducido en una mejora equivalente del empleo juvenil. Al contrario, muchos titulados trabajan en puestos que no requieren estudios superiores o, peor aún, se encuentran en situación de desempleo. Esta realidad no solo genera inquietud entre la juventud, sino que también plantea una pregunta cada vez más recurrente: ¿están las universidades preparando realmente a los estudiantes para el mercado laboral?

Según Diana, empleada de Grupo Femxa en Santander, la experiencia es “muy grande”. Además, en el caso de su centro, quienes han logrado empleo lo han hecho en “la misma empresa en la que realizaron las prácticas”. Por ahora, la tasa de inserción laboral se sitúa en torno al 15%, un porcentaje que achaca a que llevan “poco tiempo impartiendo” los programas.

“Yo creo que ahora es más complicado encontrar trabajo que antes. Los jóvenes están sobrecualificados, y eso supone un problema para las empresas, porque implicaría ofrecer sueldos más altos”

La falta de experiencia es uno de los impedimentos más mencionados por los empleadores cuando justifican la elección de candidatos mayores en vez de estudiantes recién formados. Del mismo modo, pese a contar con conocimientos teóricos más frescos, la población joven tiende a carecer de la práctica que suelen buscar los empleadores. La brecha entre la educación y la práctica genera un círculo vicioso: la juventud no puede ganar experiencia porque no se le da la oportunidad, dejándola en la misma situación de inquietud inicial.

“De ahí surge la intención que tienen ahora mismo el Ministerio de Educación y el Ministerio de Trabajo de fomentar los módulos y la Formación Profesional”

Para David Cantarero, profesor de Economía en la Universidad de Cantabria, las prácticas y los trabajos temporales durante los estudios pueden ser muy útiles para adquirir experiencia y facilitar la inserción laboral, ya que complementan la formación académica con habilidades prácticas. Asimismo, advierte que “no tener experiencia laboral puede dificultar la obtención de un empleo, porque las empresas suelen preferir a candidatos que ya hayan trabajado en el área, lo que facilita la adaptación al puesto”. Esta falta de experiencia también puede repercutir en los salarios iniciales, ya que los jóvenes sin recorrido profesional tienden a recibir sueldos más bajos, como ocurre en los puestos denominados “junior”, cuyos salarios suelen ser inferiores a los de los puestos “senior”, ocupados por profesionales con experiencia.

Por otro lado, existen opiniones contrapuestas: algunos jóvenes consideran que encontrar trabajo es sencillo. “En mi caso lo encontré por InfoJobs; es muy fácil y hay empleo en todas partes. Me independicé sin trabajo ni nada, a la aventura. Si se busca, se encuentra, y en una semana ya tenía trabajo aquí”, comenta un empleado comercial en Valle Real.

“Siendo joven es bastante fácil, pero con 30 o 40 años… la cosa cambia”

En la misma línea, se evidencia un claro desfase entre el sistema educativo y las demandas del mercado laboral. Los planes de estudio, en muchos casos, no se actualizan al ritmo de los cambios en el entorno profesional. Además, los grados universitarios tradicionales continúan ofreciendo un currículo que no pone en valor las competencias que los empleadores buscan hoy en día.

“La maquinaria ha quitado mucho trabajo. Antes, cuando no existía, había más personas trabajando, sobre todo en la construcción, que es el sector en el que yo estaba. Pero con la llegada de la maquinaria ya no hacían falta la pala ni el pico, y por eso se redujeron las plantillas”, explica José María Regalado, exobrero del sector de la construcción.

Han existido iniciativas para reducir esta brecha. Un ejemplo son los programas de formación dual, en los que los estudiantes combinan estudios y prácticas laborales. Estos programas han demostrado ser efectivos en varios países, especialmente en el norte de Europa. No obstante, su implementación a nivel mundial sigue siendo limitada y requiere un esfuerzo coordinado entre distintos países, organismos y el sector privado.

“Incluso el salario depende de la experiencia que tengas en la misma empresa. A medida que asciendes, sí que cobras más. Aquí, por ejemplo, dedican más tiempo a formar a las personas que a valorar el currículum. Aun así, te exigen unos mínimos”, comenta Dani sobre la importancia que la empresa otorga a la experiencia previa.

“Yo tenía experiencia previa, pero cada empresa funciona de manera muy distinta. Por ejemplo, aquí en El Corte Inglés todo funciona diferente y te tienen que formar sí o sí”

Como se ha mencionado anteriormente, un elevado porcentaje de jóvenes se ve obligado a trabajar en áreas ajenas a sus estudios. Esta situación puede resultar desmoralizadora y reforzar la sensación de haber desperdiciado tiempo durante la etapa universitaria. Trabajar en un campo distinto al propio no solo puede afectar la motivación, sino también la trayectoria profesional a largo plazo. Es habitual que graduados en ciencias sociales o humanidades desempeñen labores en el sector de servicios o en puestos administrativos, donde no pueden aprovechar plenamente las competencias adquiridas durante su formación.

Posibles soluciones a futuro

Para abordar estos desafíos, se propone un enfoque multifacético. Las universidades deben colaborar con la industria para mejorar sus planes de estudio y garantizar que los graduados adquieran las habilidades demandadas por el mercado laboral. Esto incluye un mayor énfasis en competencias prácticas y tecnológicas. Asimismo, empresas y organismos educativos podrían fomentar la oferta de más prácticas remuneradas, asegurando que la experiencia aporte un valor real al currículo de los jóvenes.

“Yo creo que debería haber más inserción laboral, más becas o más prácticas para las personas que tienen una carrera universitaria”, comenta una empleada de Femxa.

“Una vez que se finalice la carrera, deberían darse las mismas oportunidades de prácticas a quienes cursan Formación Profesional y a los que terminan un grado universitario. Al fin y al cabo, por lo general estudias más años y sales más preparado”

Por otro lado, es fundamental incentivar y difundir el espíritu emprendedor entre los adolescentes, ya que puede ser una alternativa para quienes no encuentran oportunidades en el mercado laboral tradicional. Del mismo modo, existen programas de apoyo al emprendimiento joven. A temprana edad, las instituciones educativas pueden contribuir a mejorar la orientación vocacional, ayudando a los estudiantes a tomar decisiones más informadas sobre sus estudios y carreras futuras. Esto, a su vez, permite que tengan una percepción más realista de las tendencias cambiantes del mercado laboral.

Los gobiernos pueden implementar políticas que fomenten la contratación de jóvenes, como incentivos fiscales para las empresas que incorporen recién egresados o programas de apoyo al primer empleo. Asimismo, es necesario desarrollar plataformas que faciliten la transición de la formación al mundo laboral. Según Cantarero, profesor de Economía, los incentivos fiscales “pueden aumentar las oportunidades de empleo” para los jóvenes. Los programas de capacitación profesional “también son importantes, ya que ayudan a adquirir habilidades necesarias, como la orientación a todo tipo de cliente”.

Además, para adaptarse a las demandas cambiantes del mercado, los estudiantes “deben estar dispuestos a aprender continuamente”, actualizando sus conocimientos mediante cursos, másters u otras titulaciones que complementen su formación. Las habilidades digitales son esenciales y “muy bien valoradas”, al igual que otras competencias como la comunicación y el trabajo en equipo. Para fortalecer el perfil profesional, los idiomas juegan un papel clave, y “es relevante que los jóvenes estén preparados en este aspecto para hacer más atractivo su CV y captar la atención de las empresas”.

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