Durante años, la ermita de Cintul fue poco más que una silueta en ruinas en medio del ‘prao’. Un edificio sin techo, con la bóveda expuesta al cielo, árboles creciendo donde antes hubo piedra y silencio, y tumbas medievales dispersas entre el pasto del ganado. Un monumento condenado a desaparecer que, sin embargo, hoy vuelve a respirar.
El pasado 18 de diciembre, gracias a las donaciones, el trabajo voluntario de numerosas personas y el apoyo de instituciones públicas y privadas, ha sido posible rehabilitar casi por completo la ermita. Su salida de la Lista Roja del Patrimonio de Hispania Nostra y su incorporación a la Lista Verde ponen de manifiesto que esta salvación no ha sido obra de uno, sino un triunfo de los vecinos.

Incluida en la Lista Roja en julio de 2022 por su «abandono absoluto» y el «riesgo real» de derrumbe, la ermita de Cintul representaba entonces uno de los muchos ejemplos del patrimonio rural cántabro en situación crítica. El diagnóstico era claro y demoledor; sin cubierta desde hacía décadas, con grietas visibles en los muros, la cabecera sin protección y la bóveda amenazada por la humedad y el paso del tiempo. La imagen que ofrecía el edificio era, en palabras de quienes la visitaron entonces, “desoladora”.
Habían crecido árboles en su interior. La columna vertebral de la bóveda se había convertido en un campo de hierbajos de hasta un metro de altura. Los aleros y canecillos yacían desprendidos alrededor del perímetro. Nada protegía ya un templo que durante siglos había sido el centro espiritual de un pequeño asentamiento hoy desaparecido.
Un enclave con siglos de historia
La ermita de Cintul es, en realidad, el último vestigio visible de un conjunto mucho más amplio. En su entorno se levantaron una torre, varias casas con huertas, llosas, una castañera, una gran pradería y una ferrería-molino que acabaría dando nombre al barrio. Ya en documentos del siglo XVI se hablaba del “solar de la erreria de Cos” y de los prados de Cintul, reflejo de un espacio vivo, productivo y articulado en torno al agua y la tierra.
Desde el punto de vista arquitectónico, el templo constituye una de las referencias más antiguas del lugar. Los especialistas sitúan su origen en una fábrica románica tardía, de los siglos XII-XIII, remodelada posteriormente en estilo gótico, especialmente en el ábside, hacia finales del siglo XV. Se trata de una iglesia de una sola nave rectangular, construida en mampostería y sillería, con ábside cuadrado y espadaña occidental de una sola tronera apuntada.


En su interior, pese al deterioro sufrido, se conservan elementos de gran valor: la bóveda de crucería con nervios moldurados, clave tallada y plementería de sillar; las pequeñas columnillas con capiteles decorados con motivos animales y vegetales; y el arco triunfal apuntado que da paso al ábside. Detalles que convierten a Cintul en una joya del románico rural cántabro.
Del abandono a la esperanza
Durante décadas, la ermita sobrevivió como pudo. En los años sesenta aún conservaba el tejado y llegó a utilizarse como cuadra. Después, el abandono fue total. La falta de mantenimiento y de uso aceleró un deterioro que parecía irreversible. Cuando Hispania Nostra decidió incluirla en la Lista Roja, el objetivo era claro: alertar, visibilizar y tratar de movilizar voluntades antes de que fuera demasiado tarde. Y lo fue, pero en sentido contrario.
El proceso de recuperación de la ermita de Cintul ha sido largo, complejo y profundamente comunitario. Personas a título individual, colectivos culturales, entidades privadas y administraciones públicas han sumado esfuerzos para rescatar un edificio que parecía condenado. Donaciones, trabajo voluntario y apoyo institucional han ido tejiendo una red de protección alrededor del monumento.
La intervención decisiva llegó de la mano de la Consejería de Cultura del Gobierno de Cantabria, que en 2024 consignó una partida de 48.000 euros destinada a cubrir la nave del templo. Una actuación clave que ha permitido resolver el principal problema estructural del edificio: la ausencia de cubierta.
Una nueva vida
La nueva cubierta, ejecutada en madera, protege hoy la ermita de la intemperie y permite la entrada de luz natural por ambos extremos de la nave. El contraste con la imagen anterior es radical. Donde antes había ruina y abandono, ahora hay estructura, estabilidad y futuro.

Aunque la rehabilitación no está completamente finalizada, la “parte gruesa” del proyecto ya está hecha. Quedan por delante trabajos como la restauración del suelo —que deberá rebajarse unos 25 centímetros para recuperar el nivel original—, la colocación de una puerta de madera de nogal donada por un voluntario, o la instalación de alabastro en los huecos de las ventanas, hoy protegidos con mallas para evitar la entrada de aves. También se estudia la instalación de paneles solares para la iluminación interior.
En el exterior, el proyecto mira más allá del edificio. La intención es acondicionar el antiguo camino real que daba acceso a la ermita y atravesaba el río, recuperando así la relación histórica entre el templo y su entorno.
De la Lista Roja a la Lista Verde
El 18 de diciembre de 2025 marca un punto de inflexión. Ese día, la ermita de Cintul fue retirada oficialmente de la Lista Roja del Patrimonio y pasó a integrar la Lista Verde de Hispania Nostra, que agrupa aquellos bienes que han logrado revertir la situación de riesgo que amenazaba su conservación.
Más allá del reconocimiento, el cambio pone en valor la implicación social y la colaboración institucional pueden salvar el patrimonio rural cuando todavía hay margen de actuación.
Desacralizada, la ermita inicia ahora una nueva etapa ligada a la cultura y la vida social. Entre los usos que se plantean está su integración en iniciativas como el Festival de Arte en el Pueblo, Aselart, que cada verano se celebra en Mazcuerras, convirtiendo el espacio en sala de exposiciones o lugar de creación artística.
La historia reciente de la ermita de Cintul es también una lección. La protección legal —está incluida en el Inventario General de Patrimonio Cultural de Cantabria— no siempre es suficiente si no va acompañada de recursos, atención y comunidad. Pero cuando todo eso se alinea, incluso los edificios más castigados pueden encontrar una segunda oportunidad.
Cintul ha pasado de ser un símbolo del abandono a convertirse en un ejemplo de recuperación patrimonial. De la Lista Roja a la Lista Verde. Del silencio y la ruina a la posibilidad de un nuevo relato. Ahora, el reto es que no vuelva a caer en el olvido. Porque el patrimonio, como la memoria, solo se conserva si se cuida y se comparte.



