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La enfermedad que alarma a los cazadores de Cantabria: «Los perros valen mucho. Si hay más casos, muchos dejarán de cazar»

Cuatro canes han muerto este invierno por pseudorrabia en Cantabria tras participar en dos monterías
Cazadores en un monte | Foto: FGC

Como cantan los Hermanos Cosío en “Cazadores los de antes”, la caza ha cambiado mucho en los últimos años. «Antes era esfuerzo y sacrificio, todo a base de bregar. Hoy, si el coche no llega hasta la pista, muchos directamente no van. Uno se queja de la rodilla, otro de una hernia discal. Una chaqueta de marca, pantalón de goretex. Que parece que acabara de salir de El Corte Inglés», entonan. Pero lo que no cambia es ver a las cuadrillas reunidas en el bar. Normalmente las conversaciones suelen girar en torno al viento, al rastro o al encame del jabalí. Este invierno, sin embargo, hay un nuevo tema que se cuela en cada charla: la enfermedad de Aujeszky.

Roberto Gutiérrez no es veterinario ni epidemiólogo. Es cazador. Hasta hace unas semanas, el virus le sonaba lejano, algo que ocurría en otras comunidades. “Los últimos años, a final de temporada, se escuchaban casos por Cataluña, Huesca o Valencia”, explica. “Aquí nunca lo habíamos tenido”.

A principios de año, la noticia de la muerte de cuatro perros de caza por esta enfermedad, golpeó con fuerza al mundo de la caza en Cantabria. Uno murió tras participar en una batida en Cieza Norte el pasado 11 de enero, y los otros tres, pertenecientes a un mismo cazador, en la localidad palentina de Ventanilla, en el municipio de Cervera de Pisuerga. Para muchos, podrían parecer casos aislados, pero para quienes viven la caza cada fin de semana, la coincidencia no es casualidad. Roberto no afirma nada con rotundidad, pero cree que «tienen que tener alguna relación». Le cuesta creer que en una zona donde nunca había habido constancia de la enfermedad aparezcan varios casos prácticamente al mismo tiempo sin algún tipo de relación territorial.

La enfermedad de Aujeszky, un enemigo invisible

La enfermedad de Aujeszky —también llamada pseudorrabia— está causada por un herpesvirus propio de la especie porcina. En granjas españolas está prácticamente erradicada gracias a décadas de vacunación obligatoria. Pero en el jabalí, sin embargo, sigue circulando.

En los perros el desenlace es fatal, la muerte súbita en apenas unas horas. El contagio suele producirse por contacto directo con el animal —mordeduras, peleas— o por ingestión de vísceras contaminadas. Y ahí es dónde está el problema, en una batida, evitar ese contacto es extremadamente difícil.

“Es muy difícil controlarlo”

Roberto lo explica desde su experiencia en el monte. «En los levantes —cuando los perros levantan al jabalí de su encame— la mayoría de la veces el perro ya tiene contacto con el jabalí , mordiscos, peleas…», dice. Y asegura que «aunque después les impidas morder al animal ya abatido, ya tienen muchas posibilidades de haberse contagiado».

En las batidas a las que va, por ahora, no han cambiado la forma de actuar. No hay protocolos nuevos ni medidas extraordinarias. Se sigue cazando igual y «los perros siguen mordiendo en la muerta».

Pero reconoce que si los casos aumentan, «la gente va a dejar de cazar». “Los perros valen mucho dinero, es muy difícil hacer un buen perro y nadie se arriesga a perderlo”, cuenta. Y no habla solo de dinero. Porque un perro de caza no se compra, se forma. Habla de años de entrenamiento, de afecto por el animal, de jornadas compartidas en el monte que crean un vínculo difícil de describir, y que de repente puede desaparecer en unas pocas horas por una enfermedad que no da margen.

El periodo de incubación puede oscilar entre dos y seis días. Cuando aparecen los síntomas —alteraciones neurológicas, desorientación, picor extremo localizado— la evolución suele ser fulminante. No existe vacuna autorizada para perros ni tratamiento eficaz. En cuestión de 24 a 72 horas el animal puede morir.

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Cazadores en un monte | Foto: FGC