Hace unas semanas se estrenaba en cines una película fervientemente esperada por los espectadores. Sus numerosos reconocimientos en festivales de renombre como Cannes, San Sebastián o Toronto, así como los rumores sobre su más que probable selección para los premios Óscar, reforzaban la promesa de un film con un alto valor artístico.
En mi caso, acudí al cine sin expectativas. Tengo amigos que han trabajado en la producción y conozco los lugares de Cantabria donde se ha rodado, pero no quería tener ningún prejuicio que afectase a mi valoración de la obra.
Tras contemplar los primeros diez minutos, entendí que me encontraba frente a una pieza diferente: un enfoque en cierta medida clasicista, pero también moderno. En conjunto, un largometraje con una belleza extraordinaria en su fotografía y sus escenarios.
Pese a no llegar a conectar con su historia de amor central, La bola negra posee diferentes temáticas, englobadas en sus varias líneas temporales, que sí captaron mi interés. Sin intención de hacer spoilers, una de ellas sería «la necesidad de conocer tus raíces».
Se puede ver en los tráilers que la historia se inicia a partir de una herencia que uno de los protagonistas debe recoger. Su vida no ha sido un camino de rosas y, en cierta medida, se siente vacío.
Mi reflexión se enlaza con esta temática. En un mundo que cada día parece más alienado de su entorno y de su historia, los Javis nos recuerdan que es necesario conocer quiénes fueron nuestros antepasados y comprender lo que hicieron para completar nuestra propia narrativa.
Dentro del reparto, cabe destacar la hazaña de Guitarricadelafuente al sacar adelante un papel tan complicado en su primera incursión en el séptimo arte. También merece mención la breve pero intensa participación de Penélope Cruz y, por encima de todo, la magistral clase de interpretación de Lola Dueñas.

En resumen, La bola negra es una monumental pieza artística que ofrece un enfoque revitalizador de la tantas veces relatada Guerra Civil española, sin tratar de posicionarnos. Una historia de amor y libertad que emociona a gran parte de los espectadores.
Solo espero que este trabajo sea valorado internacionalmente y que los premios sigan llegando. El cine español se encuentra en un momento de esplendor, y eso siempre es motivo de celebración.

