Medio siglo después de la muerte de Francisco Franco, España vuelve a recordar a uno de los personajes más relevantes de su historia reciente. El 20 de noviembre de 1975 concluyeron casi cuatro décadas de dictadura y comenzó un proceso de transición política que transformó la vida del país. Medio siglo más tarde, la figura del dictador, su legado político y el impacto de su régimen continúan siendo objeto de reflexión, controversia y revisión histórica.
El fallecimiento de Franco abrió un periodo incierto pero decisivo. La proclamación de Juan Carlos I como rey y la paulatina legalización de los partidos políticos establecieron los cimientos de la Transición, un proceso que durante años fue considerado modélico por su capacidad para evitar enfrentamientos violentos. En las últimas dos décadas, sin embargo, este relato ha sido matizado por nuevas generaciones de historiadores y por movimientos sociales que reclaman una lectura más crítica, señalando que aquel acuerdo político dejó sin resolver heridas profundas y otorgó impunidad a los responsables de la represión franquista.
Hoy, con el 50 aniversario como punto de partida, la sociedad española observa el franquismo desde una doble mirada: la de quienes vivieron aquel periodo y la de quienes lo conocen únicamente a través de los libros, las investigaciones académicas y las historias familiares. La memoria colectiva ya no es un relato cerrado; es un terreno en disputa que se alimenta de archivos abiertos, de exhumaciones de fosas comunes y de documentales y novelas históricas.

Luces y sombras
Durante 36 años de dictadura, Franco impulsó numerosas decisiones que transformaron diversos aspectos de la nación y la vida de millones de habitantes.
Entre los aspectos positivos que experimentó España en este periodo se puede destacar la estabilidad política tras la Guerra Civil. El régimen no presentó conflictos internos armados, considerándolo un logro que permitió reconstruir un país devastado. También surgió el llamado “milagro español”, que supuso un crecimiento económico significativo entre finales de los cincuenta y principios de los setenta, derivando en una modernización de la economía, la llegada masiva de turistas, el aumento del consumo interno y la construcción de infraestructuras clave. Finalmente, se construyeron carreteras, se desarrollaron proyectos industriales y se levantaron numerosos embalses, muchos de ellos ya ideados o planificados durante la Segunda República.
Por otra parte, también existió una gran falta de libertades. Durante los primeros años, la autarquía hundió la economía y condenó a millones de españoles al hambre y la pobreza. Además, el crecimiento posterior no puede desligarse del control estatal, la ausencia de derechos laborales y la represión política.
El franquismo mantuvo una represión sistemática durante décadas mediante ejecuciones, cárceles, tribunales políticos, depuraciones, exilio y censura. En el ámbito económico, casi veinte años de autarquía frenaron el desarrollo y aislaron al país internacionalmente. Culturalmente, se prohibieron las lenguas cooficiales y se ejerció un férreo control sobre la educación. Además, miles de presos políticos realizaron trabajos forzados, incluidos los empleados en la construcción del Valle de los Caídos. La ausencia de una justicia transicional tras la muerte del dictador explica buena parte de los debates actuales sobre memoria y reparación.
Exhumación de 2019
El 24 de octubre de 2019, Franco fue exhumado del Valle de los Caídos, renombrado desde 2022 como Valle de Cuelgamuros, el monumento construido durante su régimen y que durante décadas albergó su tumba.


Tras un largo proceso judicial, el Gobierno autorizó el traslado de los restos del dictador al cementerio de Mingorrubio, en El Pardo. La decisión se apoyó en la Ley de Memoria Histórica, que señalaba que ningún enclave público podía funcionar como espacio de exaltación de líderes autoritarios. El acto, ejecutado de forma discreta pero con enorme repercusión mediática, marcó un punto de inflexión simbólico en la relación del país con su pasado.
El Valle de Cuelgamuros sigue siendo un lugar de memoria conflictiva, ya que allí reposan miles de víctimas de ambos bandos, muchas de ellas trasladadas sin consentimiento familiar. Investigadores y asociaciones memorialistas reclaman una reinterpretación más profunda del espacio y una identificación plena de los cuerpos, mientras que sectores nostálgicos del régimen han criticado la retirada de los restos del dictador.
Memoria histórica
Con el 50 aniversario de la muerte de Franco no solo se realiza un ejercicio de memoria histórica, sino que también se analiza la salud de la democracia actual en España. La estabilidad o la reconciliación son algunos de los conceptos que se tratan en la actualidad, pero en un contexto social totalmente diferente. Al mismo tiempo, la revisión del pasado sirve para iluminar debates contemporáneos sobre la calidad institucional, la justicia, la convivencia territorial o el papel de los derechos humanos en la vida pública.


Tras décadas marcadas por cientos de miles de muertes entre la Guerra Civil Española y la dictadura, sigue siendo necesario mirar al pasado para reconocer los errores y valorar los cambios positivos logrados con el tiempo, avanzando así como sociedad y evitando repetir los mismos fallos.




