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El suicidio, la tercera causa de muerte entre jóvenes de 15 a 29 años a nivel mundial

La depresión afecta a alrededor del 5% de los adultos en todo el planeta; uno de cada veinte lucha contra este trastorno mental

En los últimos tiempos, la salud mental ha pasado de ser un tema relegado al ámbito privado de cada persona a convertirse en uno de los grandes desafíos sociales en materia de salud. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), más de mil millones de personas a nivel mundial sufren algún tipo de trastorno mental, una cifra que equivale aproximadamente a una de cada ocho personas. La ansiedad y la depresión son los trastornos más frecuentes y representan hoy una de las principales causas de discapacidad, teniendo un impacto directo no solo en la vida personal de quienes los padecen, sino también en otros ámbitos como la economía, la cohesión social y el sistema sanitario.

La depresión afecta a alrededor del 5% de los adultos en el mundo y se manifiesta mucho más allá de la tristeza ocasional. Esta enfermedad puede llegar a provocar estrés, falta de sueño, desequilibrios hormonales, pérdida de motivación o dificultades cognitivas.

Una de cada cien muertes se debe al suicidio, convirtiéndose en la tercera causa principal de muerte entre los jóvenes de 15 a 29 años. Este dato refleja el grave impacto que tienen los trastornos mentales en las nuevas generaciones.

Salud mental a nivel global

En Europa, una de cada seis personas vive con una condición de salud mental, de las cuales una de cada tres no recibe el tratamiento necesario.

La irrupción de la pandemia de la COVID-19 supuso un punto de inflexión en la sociedad. La prevalencia de ansiedad y depresión aumentó un 25% a nivel mundial, poniendo de manifiesto la fragilidad emocional de la población ante el aislamiento, el miedo a la enfermedad, la incertidumbre económica y la pérdida de vínculos sociales.

En España, el 34% de la población sufre algún tipo de problema relacionado con la salud mental, siendo la ansiedad el más frecuente. Este trastorno afecta al doble de mujeres que de hombres y se ha duplicado en los menores de 25 años respecto a 2016.

Actualmente, hay alrededor de 33 casos por cada mil habitantes menores de 25 años que padecen trastornos de ansiedad, frente a los cerca de 16 casos registrados hace casi una década, según el Ministerio de Sanidad. Esta cifra, además, es un 30% superior a la de 2019, año en el que comenzó la pandemia.

Impacto en los más jóvenes

La salud mental está cada vez más presente en la vida cotidiana debido a factores como la presión por alcanzar el éxito, las comparaciones constantes en redes sociales, los problemas económicos y laborales, así como el ritmo de vida acelerado, que generan un caldo de cultivo para el malestar psicológico.

Según investigaciones de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR), en las últimas dos décadas las hospitalizaciones por depresión en adolescentes han aumentado más de un 1200%. Tres de cada cuatro de estas hospitalizaciones corresponden a adolescentes de entre 14 y 17 años, con una media de edad de 16 años, descendiendo aún más en el año 2021. El uso intensivo de redes sociales, las exigencias académicas y la obsesión por encajar en la sociedad han sido señalados por numerosos expertos como factores de riesgo.

Ámbito laboral

El ámbito laboral es otro de los grandes escenarios donde se manifiestan estas crisis internas. La inseguridad laboral, el estrés crónico y las jornadas extensas han incrementado notablemente los casos de burnout, especialmente en profesiones con una elevada carga emocional, como las fuerzas de seguridad, la educación, la sanidad o el periodismo. Cada vez son más los estudios que afirman que no cuidar la salud mental en el trabajo tiene consecuencias directas, como una menor productividad o una peor calidad del empleo. Esto ha llevado a muchas empresas a implementar programas de apoyo psicológico y bienestar emocional.

Figuras públicas

Este problema ha adquirido una gran visibilidad a través de figuras públicas. La gimnasta estadounidense Simone Biles decidió retirarse de varias pruebas en los Juegos Olímpicos de Tokio 2020 para priorizar su salud mental frente a los logros deportivos, evidenciando la exigencia y los sacrificios del deporte de élite. 

En España, el exfutbolista Andrés Iniesta habló abiertamente de su lucha contra la depresión tras la muerte de su amigo Dani Jarque, demostrando que los éxitos profesionales no siempre ocultan los problemas personales. Asimismo, artistas como Lady Gaga o Selena Gómez han compartido públicamente sus experiencias con problemas de salud mental, mostrando la importancia de pedir ayuda y evidenciando que nadie es inmune al sufrimiento emocional.

Blue Monday

En este contexto social y emocional surge el llamado Blue Monday, conocido popularmente como el día más triste del año, que suele situarse en el tercer lunes de enero. Este fenómeno se asocia a factores como el frío, la vuelta a la rutina, la reducción de las horas de luz y el cansancio físico y emocional tras las fiestas navideñas, conectando con una experiencia colectiva relacionada con el estado de ánimo. Más allá de su origen, este término actúa como un símbolo que invita a reflexionar sobre el bienestar emocional y la importancia de cuidar la salud mental al inicio de un nuevo año.

Visibilizar y ayudar

Frente a los problemas de salud mental, expertos y profesionales coinciden en la necesidad de invertir en sistemas de atención accesibles, dotar de más recursos a la sanidad pública y promover la reducción del estigma. A nivel individual, resulta fundamental contar con redes de apoyo social, mantener estilos de vida equilibrados y disponer de espacios seguros donde expresar emociones con libertad.

Organismos como la ONU, la OMS o el Ministerio de Sanidad de España están reforzando este tipo de iniciativas, reconociendo la salud mental como un derecho fundamental y un pilar del bienestar humano. Para ello, se han impulsado estrategias globales como el Plan de Acción Integral de la OMS 2013-2030, centrado en la prevención, la detección temprana y la atención comunitaria, así como en la mejora de entornos clave como las escuelas y los lugares de trabajo.

En una sociedad marcada por la exigencia constante y la incertidumbre, cuidar la mente es tan importante como cuidar el cuerpo. Visibilizar el problema, combatir el estigma y garantizar el acceso a la ayuda psicológica no solo mejora la vida de millones de personas, sino que contribuye a construir una sociedad más empática, consciente y saludable.

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