Todos los años, durante las celebraciones de Navidad y Año Nuevo, pueblos y ciudades se llenan de decoraciones y luces. También es muy usual, en estas fechas, el uso de petardos y fuegos artificiales, que forman parte de la tradición de estas fechas en el país. Sin embargo, detrás de los momentos de espectáculo visual y sonoro, existe una realidad relacionada con gastos millonarios, riesgos para la salud pública y un impacto en personas con discapacidad y animales.
Este mes tan marcado conlleva, para muchas de las empresas que venden este tipo de productos, casi la mitad del porcentaje total de las ventas anuales. Estas fiestas, junto con la fiesta de San Juan, son las fechas en las que más petardos y fuegos artificiales se utilizan. En 2024, una de las principales compañías del sector a nivel nacional declaró haber vendido más de 240.000 cajas de bombetas y más de 25.000 lotes variados, solo en el último mes del año.
Regulaciones y sanciones
En España, la venta y uso de fuegos artificiales está regulada por el Real Decreto 989/2015, que clasifica los artículos pirotécnicos en categorías según su peligrosidad y nivel sonoro. Esta normativa establece edades mínimas para la compra y limita los espacios en los que pueden utilizarse.
A esta regulación estatal, hay que sumarle las ordenanzas que existen en cada municipio, que, al llegar estas fiestas, se intensifican. Muchos de los ayuntamientos de estos municipios limitan el uso de petardos a determinados horarios, su uso en ciertas zonas y, en algunos casos, prohíben totalmente la pirotecnia. El mal uso puede acarrear sanciones económicas, que varían su cuantía dependiendo de la gravedad de los actos cometidos.
Accidentes y riesgos
Todos los años, se registran accidentes relacionados con la pirotecnia, sobre todo en Nochebuena y Nochevieja. Las lesiones más frecuentes son quemaduras en cara y manos, y heridas oculares y auditivas. Según la OCU, se produce aproximadamente un accidente pirotécnico por cada 10.000 habitantes, cifra la cual aumenta cuando se trata de menores de edad. Los niños y adolescentes son los más afectados, principalmente por el uso indebido de productos no acordes a su edad o por la falta de supervisión adulta.
Colectivos vulnerables
Uno de los efectos más preocupantes del uso masivo de pirotecnia es su impacto en personas con discapacidad y colectivos especialmente sensibles al ruido. Las personas con trastorno del espectro autista (TEA) pueden sufrir crisis de ansiedad severas ante sonidos intensos, repentinos e imprevisibles, lo que provoca desorientación, pánico, bloqueo sensorial o conductas de huida. Situaciones similares afectan a personas con hiperacusia, migrañas crónicas, trastornos de ansiedad o enfermedades neurológicas. Además, bebés, personas mayores y quienes padecen problemas cardiovasculares o respiratorios, pueden ver agravadas patologías previas debido al estrés acústico.
Daños en animales
El impacto de los petardos y fuegos artificiales en los animales domésticos está ampliamente documentado. Perros y gatos perciben los estallidos como amenazas directas, lo que desencadena respuestas de miedo extremo, como temblores, jadeo, taquicardia, intentos de fuga, autolesiones o comportamientos agresivos involuntarios. Veterinarios y asociaciones protectoras coinciden en que la mayoría de los perros muestra síntomas de estrés o pánico durante eventos pirotécnicos. En épocas festivas, se registra un aumento notable de animales perdidos, ya que muchos escapan de sus hogares tratando de huir del ruido.

La fauna silvestre tampoco queda al margen de estos efectos. El ruido intenso y prolongado de la pirotecnia puede provocar desorientación en aves, que vuelan de forma errática y chocan contra edificios, cables u otras infraestructuras. También se han documentado abandonos de nidos, interrupciones del descanso y alteraciones en patrones de alimentación y comportamiento. En zonas rurales, o cercanas a espacios naturales, estos impactos pueden ser especialmente graves durante el invierno, cuando los animales necesitan conservar energía para sobrevivir en condiciones climáticas adversas.
Debate social
En los últimos años, el uso de petardos durante Navidad y Año Nuevo ha generado un debate social cada vez más presente. Asociaciones animalistas, colectivos de personas con discapacidad y profesionales sanitarios reclaman una reducción significativa de la pirotecnia sonora, mientras que otros sectores defienden su valor cultural, festivo y económico. Como respuesta, algunas ciudades han comenzado a apostar por fuegos artificiales de baja sonoridad, manteniendo el componente visual sin causar estruendo. El propio sector pirotécnico reconoce que estos productos ya suponen una parte importante de las ventas.
Festividad colectiva y responsable
La Navidad y el Año Nuevo son momentos de celebración colectiva, pero también de convivencia y respeto. Administraciones públicas, industria pirotécnica y ciudadanía se enfrentan al reto de compatibilizar tradición y bienestar social. Avanzar hacia celebraciones más responsables permitiría disfrutar de las fiestas sin dejar de lado la salud, la inclusión y el cuidado del entorno.




