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El Esteru y las Anjanas, los protagonistas de unas tradiciones navideñas cántabras casi olvidadas

Los personajes de la mitología cántabra que aún hoy llevan regalos y magia a los pueblos
Imagen de El Esteru y las Anjanas, dos de las tradiciones navideñas cántabras olvidadas | Foto: IA
El Esteru y las Anjanas son dos de las tradiciones navideñas cántabras olvidadas | Foto: IA

Cantabria es tierra de leyendas. Sus valles y bosques esconden secretos que forman parte del imaginario colectivo de generaciones de cántabros. Entre estos mitos, algunos se entrelazan con la Navidad, ofreciendo historias que emocionan a los más pequeños y ponen en valor la riqueza cultural de la región. Dos de las tradiciones más emblemáticas de estas fiestas son la del Esteru y las Anjanas, figuras que aún hoy recorren algunos pueblos cántabros llevando regalos, magia y bondad a sus habitantes.

«Ya casi no se cuenta con él, pero cuando yo era cría se hablaba del Esteru como si fuera un vecino más», recuerda María, una anciana de 84 años, sentada junto a la puerta de su casa en Anievas, mirando cómo cae la tarde sobre el valle. En Cantabria, la Navidad no siempre tuvo renos ni trineos ni coronas de plástico, hubo un tiempo en el que los regalos llegaban desde el monte, de la mano de un leñador bonachón y de unas hadas diminutas que se dejaban ver cada pocos años.

«No venía todos los años, pero cuando se decía que había bajado del monte, los niños nos volvíamos locos de contentos», recuerda. En su voz se mezcla la nostalgia y la certeza de que hubo un tiempo en el que la Navidad cántabra no miraba ni a Laponia ni a Oriente, sino al bosque de al lado de casa, a los caminos de piedra y a los relatos transmitidos al calor de la lumbre.

El Esteru: el leñador de la ilusión

Si Papá Noel es el icono internacional de la Navidad, en Cantabria existe un héroe local que, aunque menos conocido, cumple una función similar: El Esteru, un leñador que baja de las montañas para repartir regalos a los niños. Su presencia se ha ido consolidando en la región desde principios del siglo XXI, aunque su leyenda podría hundir raíces más profundas, vinculadas a tradiciones precristianas y al folclore del norte de España.

El esteru con su ‘Burru’ | IA

El Esteru es un personaje robusto y bonachón, con larga barba y siempre sonriente. Su atuendo es característico: boina, pipa, hacha y bastón, acompañado de su inseparable ‘Burru’, un borriquillo que porta los regalos que este leñador fabrica con sus propias manos. Durante el año, El Esteru se dedica a cortar leña en los bosques cántabros, pero en Navidad abandona su oficio para confeccionar juguetes y repartir alegría. Su misión es simple pero profunda: llevar ilusión y felicidad a todos los hogares de Cantabria, y también a algunas localidades asturianas cercanas.

La leyenda del Esteru está llena de matices. Según algunas versiones, una anjana lo encontró recién nacido en el bosque y lo entregó a una pareja de leñadores que lo criaron con amor y sabiduría. La protectora mágica le otorgó los dones de valentía y bondad, cualidades que marcarían su vida y su labor como repartidor de juguetes. Tras la muerte de sus padres adoptivos, El Esteru comenzó a confeccionar juguetes para los niños más desfavorecidos, hasta convertirse en el ayudante cántabro de los Reyes Magos, una figura que se deja ver cada 6 de enero en los pueblos del interior y en especial en Comillas, donde participa en la Cabalgata de Reyes.

Si bien algunos historiadores como Pedro Madrazo señalan que El Esteru podría ser una recuperación moderna de la tradición, su papel en la actualidad es indiscutible: asociaciones culturales, colegios y municipios han integrado su figura en actividades navideñas, desde obras de teatro hasta buzones de cartas dirigidas al leñador y su Burru. En Comillas, por ejemplo, la Casa de la Juventud organiza cada año la carroza del Esteru, que recorre la villa durante la Cabalgata, acercando la tradición a las nuevas generaciones y fomentando la identidad local.

Paralelismos con otras tradiciones del norte

El Esteru no está solo en su misión de repartir regalos. A lo largo del norte de España, existen figuras con roles similares: el Olentzero en el País Vasco, el Apalpador en Galicia, el Angulero en Asturias o el Tió de Nadal en Cataluña. Todas estas figuras comparten elementos comunes: personajes robustos que descienden de la montaña, vínculos con el bosque, reparto de regalos y una simbología asociada a la bondad y la protección de los niños. Sin embargo, el carácter cántabro del Esteru, ligado al bosque, la madera y su Burru, lo convierte en una figura única dentro del imaginario navideño de España.

Las Anjanas: hadas que iluminan la Navidad

Junto al Esteru, las Anjanas representan otra de las tradiciones más mágicas de Cantabria. Pequeñas, hermosas y resplandecientes, estas hadas de los bosques protegen a los más débiles y a los niños, mientras vigilan ríos, cuevas y bosques. Según la tradición, las Anjanas salían de sus refugios entre mayo y octubre, dejando rastros de su magia en flores de plata escondidas en matorrales y arbustos, y regresaban para hacer felices a quienes las encontraban.

Anjanas en el bosque | IA

En el ámbito navideño, las Anjanas tienen un papel especial: la noche del 5 de enero, visitaban algunos pueblos del interior para dejar regalos a los niños pobres. Eso sí, no se trataba de una visita anual, sino que se realizaba cada cuatro o cinco años, lo que convertía sus apariciones en un acontecimiento mágico y esperado. Su función no era solo repartir regalos, sino proteger y cuidar a quienes más lo necesitaban, reflejando valores de solidaridad y generosidad que perviven en la cultura cántabra.

Entre mito y literatura

Mientras que El Esteru combina tradición oral y recuperación moderna, las Anjanas cuentan con referencias más antiguas en la literatura y el folclore regional. Autores como Manuel Llano recogieron relatos sobre estas hadas, que en ocasiones ayudaban a los Reyes Magos a llevar zapatos y ropa a los niños necesitados. Su presencia en la tradición navideña refuerza la idea de un territorio lleno de seres mágicos y protectores, que conectan la Navidad con la mitología local y la naturaleza.

Un vínculo con la cultura y la identidad cántabra

Tanto El Esteru como las Anjanas muestran cómo la Navidad en Cantabria no se limita a Papá Noel o a los Reyes Magos. Estas figuras reflejan la identidad, el paisaje y la memoria colectiva de la región: bosques, montañas, valles y pueblos que han transmitido de generación en generación relatos de bondad, valentía y protección. Incluso hoy, cuando algunas de estas tradiciones han caído en desuso, existen esfuerzos conscientes por rescatarlas y mantenerlas vivas, integrándolas en la vida escolar, en desfiles y en actividades culturales.

El debate sobre su autenticidad —si son tradiciones ancestrales o recuperaciones modernas— no resta valor a su función. Como ocurre con El Esteru, cuya difusión comenzó a principios del siglo XXI gracias a vecinos y asociaciones culturales, lo importante es que estos personajes llenan de magia y arraigo la Navidad cántabra, permitiendo que los niños conozcan su tierra, sus mitos y su historia, más allá de las influencias externas.

Navidad con magia local

En un mundo donde la globalización ha impuesto figuras como Papá Noel o Santa Claus, Cantabria ofrece a los niños y familias un vínculo con la tierra y las tradiciones propias. El Esteru y las Anjanas son mucho más que personajes: son símbolos de bondad, protección y comunidad, recordatorios de que la Navidad no es solo un intercambio de regalos, sino un espacio para transmitir valores y memoria cultural.

Así, en la noche del 5 y 6 de enero, mientras los Reyes Magos recorren los hogares, no es raro imaginar al leñador barbudo y su Burru descendiendo de los bosques, o a las hadas luminosas que salen de sus escondites para iluminar los pueblos con su magia. La Navidad cántabra, con ellos, se convierte en un viaje al pasado, un rescate de leyendas y un puente entre la imaginación de los niños y la identidad de toda una región.

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