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Carnaval a fuego lento en Santander: así se vive una fiesta «de tradición» en la ciudad

Comparsas, jurado y organización coinciden en que el evento se construye durante meses y se expresa en identidad y trabajo artesanal
Las comparsas reunidas en el concurso de disfraces de La Ballena en 2025 | Santander Festejos

Desde fuera, el Carnaval de Santander se resume en un desfile por el centro de la ciudad y en la gala del concurso de disfraces en el Palacio de Deportes. Sin embargo, lo que el público contempla durante unas horas es solo el resultado final de un proceso que comienza mucho antes y que se prolonga durante meses, con trabajo continuo, planificación colectiva y una implicación que va más allá de lo festivo.

Desde el área municipal de Dinamización Social, Sergio Sainz, responsable de redes sociales, explica que un evento como el carnaval “conlleva muchos meses de trabajo con las comparsas”, a las que define como “el corazón y el alma de la fiesta”. Con ellas se coordinan los principales hitos del programa: la gala del concurso, que en 2026 se celebra el viernes 13 de febrero, y el desfile del sábado 14 por el centro de Santander.

Miembros de una de las comparsas concursantes | Santander Festejos

Las redes sociales, señala Sainz, funcionan como un escaparate. Permiten recuperar momentos icónicos de ediciones anteriores y mostrar propuestas originales a través de vídeos y fotografías, pero no alcanzan a reflejar todo lo que ocurre detrás. Hay equipos artísticos, técnicos y creativos que hacen posible que el evento salga adelante y que, año tras año, buscan que la fiesta crezca, llegue a más público y mantenga su carácter familiar.

En ese entorno digital, lo que mejor conecta con la gente es “casi lo más divertido, lo más original, lo que se sale de lo común, es lo que llama la atención en redes”. Puestas en escena transgresoras, escenografías que acompañan a las coreografías, referencias a la ciudad y al contexto social o propuestas con humor propio son las que despiertan mayor interés. Esa mezcla contribuye, además, a reforzar una identidad propia frente a otros carnavales consolidados dentro y fuera de Cantabria.

Ibán Barcenilla como jurado en La Ballena | Santander Festejos

Esa identidad también se construye desde el criterio con el que se valoran los disfraces. Ibán Barcenilla, estilista, experto en moda y uno de los miembros más veteranos del jurado, explica que con el paso del tiempo se ha producido “una evolución muy clara”. Hoy los disfraces están más trabajados tanto a nivel técnico como conceptual, con mayor atención al detalle y una intención clara de contar una historia.

Barcenilla subraya que no se pueden separar los elementos que conforman un buen disfraz. “No basta con que un disfraz sea solo bonito y llame la atención. El jurado busca que sea global, llamativo, original, que provoque sensaciones y que no deje a nadie indiferente; eso es lo que lo hace especial y merecedor de premios”. La originalidad atrae la mirada, el trabajo artesanal refleja el esfuerzo y la puesta en escena es la que termina de conectar con el público y con el jurado. Cuando esas piezas encajan, el resultado adquiere fuerza.

Peña con temática de feria | Santander Festejos

Desde su experiencia, reconoce que hay ediciones especialmente difíciles para decidir un ganador, cuando el nivel es muy alto y las propuestas son muy distintas entre sí. En esos casos, el debate es inevitable y el criterio debe afinarse para elegir no solo al mejor, sino al que mejor representa el espíritu del concurso en ese momento. También observa cómo cada época se refleja en los disfraces: “Cada época se refleja a sí misma. Antes la crítica y la sátira eran más directas; hoy se expresan de forma más visual y simbólica.”

Ese trabajo conceptual se apoya en una realidad muy concreta: talleres improvisados, horas de costura y coordinación constante. En la Peña de La Pera, una de las más veteranas del carnaval santanderino, el proceso comienza prácticamente cuando termina la edición anterior. Ismael de la Vega explica que el trabajo previo puede alargarse al menos seis meses, aunque en su caso se concentra en menos tiempo por la cantidad de actividades que desarrolla el grupo.

Dentro de una comparsa de alrededor de 120 personas, hay entre cinco y diez miembros especializados en tareas como soldadura, carpintería, decoración o costura, mientras el resto apoya para que el conjunto salga adelante. Para De la Vega, participar en el carnaval supone “compartir unos días con toda tu gente, con la que igual no puedes coincidir durante el resto del año, y vivirlo como una gran diversión.”

La experiencia sobre el escenario de La Ballena y en el desfile genera sensaciones distintas, pero igual de intensas. La emoción y los nervios conviven con el disfrute y la satisfacción de sacar a la calle un trabajo que se ha gestado durante meses. A lo largo de los años, La Pera ha vivido ediciones especialmente multitudinarias, como en 1998, cuando desfilaron cerca de 200 personas disfrazadas de vikingos.

Más allá de los premios, De la Vega insiste en que lo importante es participar y compartir la experiencia. Ganar es un aliciente, pero no el objetivo principal. También destaca la evolución del carnaval en Santander, que tras un periodo de menor participación ha recuperado impulso, con un aumento del nivel, una competitividad más sana y un desarrollo cada vez mayor de carrozas y vehículos.

Que no deje indiferente

Ese mismo espíritu se refleja en comparsas como Los Zumbaos, ganadores del año anterior con su propuesta de espantapájaros. Luisa Ortiz, una de las responsables del grupo, describe las horas previas al desfile como una mezcla de nervios y organización meticulosa. El disfraz se revisa pieza a pieza, se prepara con antelación y se acompaña de un pequeño “kit de emergencia” con imperdibles, tijeras, celo e hilo para cualquier imprevisto.

Los Zumbaos como espantapájaros, campeones en 2025 | Santander Festejos

El esfuerzo detrás de un disfraz que solo se luce durante unas horas es considerable. Ortiz explica que, al terminar un carnaval, ya empiezan a pensar en el siguiente. La idea puede tardar en aparecer, pero cuando surge y el grupo la reconoce como válida, comienza un proceso de meses. En su caso, la propuesta ganadora empezó a tomar forma en mayo y se confeccionó desde septiembre, con mucho trabajo para que todas las piezas encajaran como querían.

A nivel personal y familiar, el carnaval es una fiesta. Ortiz lo define como el momento grande del año, una tradición que ha vivido desde siempre y que ahora continúa “como responsable de un grupo, ¿qué más puedo pedir? Para ella, sigue siendo lo mejor del año”. Las sensaciones cambian según el contexto: en La Ballena predominan los nervios y la emoción; en el desfile, la alegría, la felicidad y las ganas de disfrutar con el público.

Antes de salir a la calle

El año 2025 fue especialmente emotivo para Los Zumbaos. El esfuerzo se tradujo en varios premios y, sobre todo, en la satisfacción de ver a personas que participaban por primera vez emocionadas y orgullosas del trabajo realizado. Para Ortiz, ese es el verdadero valor del carnaval: compartir ilusión y satisfacción del trabajo bien hecho, más allá del resultado.

Así, el Carnaval de Santander se confirma en 2026 como una fiesta que no se improvisa. Se cocina despacio, a fuego lento, en talleres, reuniones y ensayos, hasta que durante unos días toma las calles y los escenarios y muestra el fruto de un trabajo colectivo que va mucho más allá del disfraz.

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