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La soledad no deseada afecta al 19% de los cántabros y la mitad lleva más de 5 años sufriéndola

El estudio del Observatorio SoledadES, impulsado por Fundación ONCE y Fundación AXA, revela que casi la mitad de quienes sufren soledad en Cantabria llevan más de cinco años en esa situación, con la juventud como el grupo más afectado
Ilustración del estudio sobre soledad no deseada y salud mental en Cantabria
Ilustración de portada del estudio "Soledad no deseada y salud mental en Cantabria 2026" | Fuente: Observatorio SoledadES

La soledad no deseada afecta al 19% de la población adulta residente en Cantabria, una cifra ligeramente inferior al promedio nacional (20,2%) y muy similar a la registrada por el Barómetro Soledad España 2024 (20%), según el estudio «Soledad no deseada y salud mental en Cantabria 2026», presentado por el Observatorio Estatal de la Soledad No Deseada, SoledadES, e impulsado por Fundación ONCE y Fundación AXA. El trabajo de campo se desarrolló entre el 12 de marzo y el 20 de abril de este año sobre una muestra de 400 personas, de forma simultánea a la encuesta nacional, lo que garantiza la comparabilidad de los resultados autonómicos con los del conjunto de España.

El rasgo más singular de Cantabria es la elevada persistencia del fenómeno: prácticamente la mitad de las personas en situación de soledad (49,5%) llevan cinco o más años en esta situación, y el 70,4% al menos tres años. La soledad reciente, de menos de un año, es prácticamente residual en la comunidad (1,3%), muy por debajo del conjunto de España (10,4%), lo que dibuja un perfil de soledad más cronificada y con menor entrada de nuevos casos que el promedio estatal. Prácticamente una de cada dos personas en Cantabria (48,5%) ha vivido una etapa de soledad no deseada a lo largo de su vida o la sufre en la actualidad.

La juventud, el grupo más golpeado

La distribución por edad muestra que la soledad no deseada en Cantabria presenta una fuerte concentración en el grupo más joven: entre la población de 18 a 34 años la prevalencia asciende al 34,5%, diez puntos por encima de la media nacional para ese grupo (24,2%). En cambio, en los grupos de mediana edad (35-54 años) la prevalencia se sitúa en el 14,1%, claramente por debajo del promedio nacional (21,2%), y en el grupo de 55 y más años Cantabria muestra un 15,3%, también algo por debajo de la media nacional (17,2%). Los autores del informe apuntan a que esta concentración de la soledad en la juventud cántabra puede responder a factores específicos del contexto autonómico, como la movilidad por motivos formativos o laborales, la dispersión territorial o la estructura del mercado de trabajo juvenil.

Otra particularidad relevante es que, en Cantabria, el nivel de estudios apenas diferencia la prevalencia de la soledad no deseada (19,9% sin estudios superiores frente al 18,5% con ellos), a diferencia de lo que ocurre en el conjunto de España, donde la educación actúa como un claro factor protector (22,5% frente al 16,7%).

Vivir solo, la discapacidad y la orientación sexual, factores de riesgo

Vivir en un hogar unipersonal duplica la prevalencia de la soledad no deseada en Cantabria (31,1% frente al 15,5% de quienes viven acompañados), un patrón especialmente relevante en una comunidad con un elevado peso de hogares unipersonales de personas mayores en el medio rural, donde las personas mayores de 65 años representan ya el 24,5% de la población, según recoge el propio informe citando el Plan Estratégico de las Personas Mayores de Cantabria 2026-2029.

La discapacidad se mantiene como uno de los factores más fuertemente asociados a la soledad: la prevalencia entre las personas con discapacidad en Cantabria asciende al 28,7%, frente al 17% entre las personas sin discapacidad. La combinación de discapacidad y diagnóstico clínico de salud mental dispara la cifra hasta el 45,1%, lo que supone que prácticamente una de cada dos personas en esa situación sufre soledad no deseada. La orientación sexual también resulta determinante: la prevalencia entre las personas LGTBI+ en Cantabria (36,4%) duplica con creces la de la población heterosexual (17,9%), con una brecha incluso más amplia que la registrada a nivel nacional.

Más de una de cada cuatro personas con problemas de salud mental

Los problemas de salud mental afectan a más de una de cada cuatro personas en Cantabria (27,2%), por encima del promedio nacional (24%). El 19,3% cuenta con un diagnóstico médico, casi seis puntos por encima de la media estatal (13,3%), mientras que la sospecha sin diagnóstico es menor en la región (7,9% frente al 10,6% nacional), lo que configura a Cantabria como una comunidad con mayor peso del diagnóstico clínico formalizado. Los problemas más frecuentes son la depresión, que afecta al 15,2% de la población cántabra, y la ansiedad, al 13,4%, ambos porcentajes por encima de la media nacional (12% y 11,5%, respectivamente).

La percepción social sobre la evolución de ambos fenómenos es claramente negativa: el 87,7% de la población cántabra considera que la salud mental de la sociedad ha empeorado en los últimos años, y el 88,5% cree que la soledad no deseada ha aumentado, ambas cifras por encima de las registradas a nivel nacional (84,4% y 85,9%, respectivamente).

Una relación estrecha y bidireccional

La prevalencia de la soledad no deseada se multiplica casi por cinco entre las personas con problemas de salud mental en Cantabria: el 45,4% de quienes tienen un problema, diagnosticado o no, sufre soledad no deseada, frente al 9,2% de quienes no lo tienen. En sentido inverso, casi dos de cada tres personas en situación de soledad en Cantabria (64,8%) presentan también problemas de salud mental, y de ellas, casi la mitad (46,3%) cuenta ya con un diagnóstico médico, un peso del diagnóstico clínico 12 puntos superior al del conjunto de España.

El diagnóstico de salud mental resulta, con diferencia, el factor que más diferencia la prevalencia de la soledad en Cantabria, por encima incluso del sexo o la edad. La mitad de las mujeres cántabras con diagnóstico (50,5%) sufren soledad no deseada, una cifra más de cuatro veces superior a la de las mujeres sin diagnóstico (11,7%); en los hombres, el diagnóstico multiplica por 2,8 la prevalencia (del 13,8% al 38,8%). Entre los jóvenes de 18 a 34 años con diagnóstico de salud mental, la soledad alcanza el 64,6%, dieciséis puntos y medio por encima de la media nacional para ese mismo tramo de edad (48,1%).

Más de cuatro de cada diez personas que combinan soledad no deseada y diagnóstico clínico de salud mental en Cantabria (43,4%) han tenido pensamientos autolesivos o suicidas en el último año, frente al 2,3% entre quienes no tienen ni soledad ni problemas de salud mental. El sufrimiento psicológico también se dispara en esta combinación, hasta el 83,4% de este colectivo, frente al 19,9% entre quienes no sufren ni soledad ni problemas de salud mental.

El estigma sigue siendo la principal barrera

El 78,7% de la población cántabra considera bastante o muy difícil reconocer ante los demás que se tiene un problema de salud mental, una cifra prácticamente idéntica a la nacional (77,6%), y el 63,8% lo considera difícil incluso ante uno mismo. Pese a este estigma persistente, más de la mitad de la población cántabra (53,3%) nunca ha acudido a atención profesional de salud mental, una proporción algo superior a la del conjunto de España (50,8%). Al mismo tiempo, casi un tercio de las personas con diagnóstico clínico en Cantabria (32,6%) no recibe ningún tipo de apoyo, ni psicológico ni farmacológico, ocho puntos por encima de la media nacional (24,7%).

La familia y las amistades siguen siendo el principal recurso de apoyo frente a la soledad en Cantabria, con un 66,7% de las personas afectadas recurriendo a ellas, mientras que la ausencia de contacto con amistades se asocia a una prevalencia de soledad del 74,5% en la región, muy superior a la nacional (50,9%).

La sociedad cántabra muestra una mirada especialmente crítica hacia el papel de la digitalización en el bienestar emocional. Las redes sociales concentran la percepción más negativa: siete de cada diez personas (71%) consideran que empeoran su salud mental, 3,5 puntos por encima de la media nacional, y solo un 7,8% las considera beneficiosas. La inteligencia artificial recibe también una valoración predominantemente negativa, con un 41,5% que considera que empeora la soledad frente a un 20% que cree que la mejora.

El estudio concluye que afrontar la soledad no deseada y promover la salud mental exige respuestas coordinadas e integrales, que combinen intervenciones individuales, comunitarias y estructurales, y refuercen los vínculos, la participación social y los entornos inclusivos. Sus autores reclaman políticas públicas y estrategias sociales que favorezcan relaciones significativas, reduzcan las desigualdades y garanticen apoyos accesibles, con especial atención a las personas que viven solas, la juventud, las personas con discapacidad y el colectivo LGTBI+, los grupos de mayor vulnerabilidad identificados en la región.

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Ilustración de portada del estudio "Soledad no deseada y salud mental en Cantabria 2026" | Fuente: Observatorio SoledadES