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Colas de hasta dos horas, falta de agua y baños cerrados: la otra cara del Santander Music 2026

Más de una decena de testimonios recogidos por este medio describen fallos organizativos que se repitieron durante las tres jornadas del festival, desde las colas de acceso hasta el reparto de baños, mientras la organización guarda silencio pese a ser consultada en dos ocasiones

Santander Music ha cerrado su edición de 2026 dejando, junto a los conciertos, un reguero de quejas de asistentes que se han repetido día tras día durante todo el festival. Esperas de hasta dos horas para acceder al recinto, ausencia de puntos de agua potable gratuita, baños cerrados pese a aparecer en el mapa oficial, retirada de comida en los accesos y problemas de sonido y visibilidad son algunas de las incidencias que decenas de asistentes han trasladado a este medio a través de redes sociales.

Desde Galerna Press hemos recopilado más de una decena de testimonios directos de personas que acudieron al festival durante sus distintas jornadas. Todos coinciden en señalar fallos organizativos similares, que en varios casos se repitieron de un día para otro pese a las quejas generadas la jornada anterior. Pese a haber sido contactada en dos ocasiones por correo electrónico y a través de redes sociales, con un cuestionario detallado sobre el aforo, el personal desplegado y la gestión del agua, entre otras cuestiones, la organización no ha respondido a ninguna de las preguntas planteadas por este medio.

Viernes: la noche en la que la cola se comió el concierto

El viernes fue, con diferencia, la jornada que más quejas ha generado entre los testimonios recogidos por este medio. La cabeza de cartel de la noche era Rigoberta Bandini, y varios de los relatos coinciden en un mismo desenlace: llegar con margen suficiente y, aun así, perderse su actuación por culpa de la cola de acceso.

Una asistente que acudió con un grupo de amigas lo resume así: «Ayer tuvimos q hacer una hora para entrar. Asi que nos perdimos el primer concierto q queriamos ver porq estabamos en la cola». Otra, que había viajado desde Asturias expresamente para ver a la cantante, lo relata con más detalle: «Llegamos para escuchar las 2 últimas canciones de Rigoberta, cosa que fue para nosotras muy triste porque venimos desde Asturias para verla a ella literal». Según su testimonio, llevaban ya una hora esperando cuando, a las 21:49, todavía no habían llegado a la entrada; Rigoberta Bandini había empezado a cantar a las 21:25 y ellas no lograron entrar al recinto hasta las 22:30, más de una hora después del inicio del concierto.

Otro relato, correspondiente a una asistente que acudió por primera vez al recinto, coincide en el desenlace pero añade un matiz: la cola llegaba a extenderse «hasta casi el casino», y calcula la espera en más de una hora, con la particularidad de que tuvieron que superar dos filas independientes —una para acceder a la zona de la Magdalena y otra para validar la entrada y colocar la pulsera—. Un tercer testimonio, de una persona con experiencia trabajando en festivales, describe la situación como inédita: «con llegar una hora antes es suficiente…. Sin sentido la verdad. He ido a festivales y he trabajado en ellos… Jamás había visto esto».

Sobre el dispositivo de personal, varios relatos apuntan en la misma dirección: pocos efectivos y escasa capacidad de reacción. «Cuando llegamos había nada más 2 personas de seguridad y mucha policía local mirando, los de seguridad no hacían ni ayudaban nada», relata una asistente. Otra, que se acercó hasta el inicio de la fila para entender qué ocurría, se encontró con «la gente pitando y quejándose», sin que hubiera explicación alguna sobre la lentitud del avance. Un tercer testimonio, de una persona que hizo casi dos horas de cola, atribuye el problema a un fallo estructural: «Totalmente ineficiente, con falta de personal que dé instrucciones y que agilice las colas. En el momento de poner pulseras había staff sin hacer nada».

A la espera para entrar se sumaron, según relatan varios asistentes, largas colas para todo lo demás. Una de ellas lo describe con crudeza: «La cola de los baños de locos. La cola para pedir, mis amigos estuvieron mas de 1 h». Otra atribuye el colapso generalizado a un desajuste entre la venta de entradas y la capacidad real del recinto: «Imagino q las instalaciones son las q llevan poniendo siempre pero deben vender muchas mas entradas que hace un par de años».

El agua fue, de todos los problemas señalados, el más repetido entre los testimonios del viernes. Varios asistentes relatan que se les retiró el agua embotellada en el control de acceso sin que el personal supiera indicarles dónde podían conseguir más dentro del recinto. Una de ellas, que necesitaba beber con frecuencia por una medicación, describe así el momento: «la de seguridad de la puerta me la quitó. y le dije bueno ¿Me puedes decir dónde hay un punto de agua potable? […] no me dijo que no que no sabía y que no había punto de agua potable, lo iba preguntando mucha gente y no hay, es decir, si quieres agua te la tienes que comprar». A esto se sumó, según otro testimonio, la caída de la aplicación de recarga de pulseras y tarjetas cashless durante parte de la noche, lo que impidió a algunos asistentes realizar consumiciones.

Varios relatos apuntan además a que las quejas expresadas en redes sociales durante la propia jornada no permanecieron visibles mucho tiempo. Una asistente que estuvo comentando en las publicaciones oficiales del festival mientras hacía cola asegura que «muchos los borraban». Otro testimonio, recibido de forma anónima a petición de quien lo escribió, es más concreto: «están borrando los comentarios de todas las publicaciones (ayer en una de ellas habia 40 o asi quejandose)». La misma persona añade que, entre la gente que esperaba en la fila, «la gente en la cola decia que vamos a pedir la devolucion de la entrada del viernes».

Sábado: mismo recinto, mismos problemas

El acceso mejoró ligeramente el sábado, según coinciden varios testimonios, al llevar los asistentes ya colocada la pulsera del día anterior. Pero la mejora se quedó ahí. «Ayer la entrada no fue caos porque ya todos teníamos la pulsera. Pero dentro fue otro caos», resume una de las personas que acudió esa segunda jornada.

El problema de los baños, lejos de solucionarse, se agravó. Una asistente relata que, según el mapa oficial del festival, había baños de gran capacidad situados junto al escenario que en la práctica permanecieron cerrados durante toda la celebración: «Hay unos enormes al lado del escenario, que han estado cerrados TODO el festival». La misma persona añade que «las colas para el baño eran increíbles, para mujeres», mientras una «marea de gente» entraba y salía de los pocos baños disponibles con una única vigilante de seguridad «que no podía hacer nada». Otro testimonio, correspondiente también al sábado, aporta cifras concretas: una espera de 20 minutos en los baños de mujeres frente a los baños de hombres, que permanecían vacíos, con el añadido de que el personal de seguridad «no nos dejaba pasar a usarlo aún estando sin colas».

El agua siguió siendo un problema sin resolver. Un asistente que preguntó directamente a seguridad y a los camareros del recinto recibió la misma respuesta que se había dado el día anterior: solo agua embotellada, de pago. Su relato añade un matiz que agrava la queja: «si intentabas entrar con agua de fuera aunque fuera en el vaso del festival, no te dejaban entrar con ello». Otro testimonio remata la valoración general de la jornada con una frase que resume el sentir compartido por buena parte de los asistentes consultados: «He ido a muchos festivales y este está muy desorganizado».

Uno de los testimonios, correspondiente a una persona que acudió tanto el viernes como el sábado con un grupo de amigos, aporta un detalle adicional sobre el control de acceso: el primer día solo dejaban pasar un bocadillo por persona, obligando a abandonar el resto de la comida junto a las papeleras de la entrada —»las papeleras de la entrada tenían al lado un montón de bolsas de frutos secos, regalices, patatas fritas»—, mientras que al día siguiente el criterio se relajó y el control se limitó a comprobar que no se introdujeran vasos ajenos al festival. La misma persona relata que la falta de baños suficientes generó aglomeraciones de gente orinando en las zonas verdes de la Magdalena, junto al recinto, con un policía intentando disuadirlo con una linterna la primera noche y, al día siguiente, ya multando directamente a quienes lo hacían.

El domingo y las quejas que siguen llegando

Más allá de las dos primeras jornadas, este medio ha recogido un comentario público —pendiente de confirmación directa por parte de quien lo escribió— que apunta a que los problemas no se limitaron al viernes y al sábado. En relación con el concierto de Romeo Santos, cabeza de cartel de otra de las noches del festival, el comentario señala «malos accesos en general con un tráfico horrible», así como andamios de la producción de días anteriores que, según el mismo relato, seguían montados en la zona de pista general «que impedían ver las pantallas», además de un sonido «pésimo» en la parte trasera del recinto.

Un patrón, no un contratiempo puntual

Lo que distingue el relato de este año de una simple mala experiencia aislada es su reiteración. Los mismos problemas —colas, falta de agua, baños insuficientes— aparecen documentados tanto el viernes como el sábado, en algunos casos por las mismas personas que acudieron ambos días esperando que la situación mejorase tras las primeras quejas. No fue así: el acceso al recinto resultó algo más ágil una vez resuelto el trámite de la pulsera, pero el resto de las carencias señaladas por los asistentes se mantuvieron prácticamente intactas de un día para otro.

Sin respuesta de la organización

Galerna Press se puso en contacto con Santander Live Producciones SLU, empresa organizadora del festival, trasladando el conjunto de testimonios recibidos y un cuestionario detallado sobre el aforo autorizado, el dispositivo de personal previsto, la gestión del agua, el funcionamiento del sistema de recarga cashless, la disponibilidad de baños y la posible eliminación de comentarios críticos en sus publicaciones oficiales. Hasta el cierre de esta edición, ninguna de esas preguntas ha obtenido respuesta.

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