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Un arte que parece no estar de moda

No recuerdo la primera vez que vi un ruedo, pero sí cuando iba a los corrales con mis padres de pequeña, tan bajita que no veía a través de las lamas de las ventanas y usaba los huecos de los muros para ver a duras penas los toros. Esas mañanas eran parte de mis veranos. Al igual que algunos esperaban que hiciese sol para ir a la playa, yo esperaba ansiosa a la Feria de Santiago.

Conforme pasaban los años esta afición crecía, pese a que la popularidad de este festejo bajaba. Entendí que lo que me une a los toros iba mucho más allá del espectáculo. Es ese tiempo disfrutando con familia, con amigos, con gente que conoces o no conoces, compartiendo el mismo lenguaje, uno que no es simple y no porta bandera. Con un trasfondo profundo, que no resulta sencillo para gente ajena e igual de ahí viene el rechazo de algunos.

Más allá de la moda o la cultura, es un arte capaz de generar distintas emociones en quien lo contempla. Porque cuando el engranaje del toro y el torero se acompasan como un reloj suizo, todos llegamos al punto en el que recordamos por qué amamos este espectáculo.

Personalmente lo que me fascina del toreo es su protagonista, no el maestro, si no el toro, al que considero el Sol de este ecosistema. Esa emoción que me eriza la piel en los instantes previos a ver al animal salir por la puerta de toriles, o el sentir cómo se me para el corazón cuando el diestro y el toro forman ese binomio perfecto.

Muchos señalan el maltrato sufrido por el toro durante su vida, pero no saben cuánto amor y empeño invierten ganaderos y pastores en sus animales, la forma de desvivirse de los trabajadores de una plaza para que el animal esté en perfectas condiciones antes de saltar al ruedo y la propia necesidad del espectáculo de que el toro se encuentre en su plenitud total, para llevar a cabo su única función, exponer su bravura. Bravura que en manos del torero, se transformará en belleza. Este es el deseo de todo buen aficionado.

Además, algunos nos quieren convencer de que la tauromaquia está en decadencia, es obsoleta y debe erradicarse. Pero al contrario, cada vez vemos las plazas más llenas, los tendidos sin un hueco y los jóvenes inundando los cosos buscando emoción.

El toreo claro que está de moda, a mi parecer no hay personas antitaurinas, hay personas desconocedoras de este maravilloso arte, llamado tauromaquia.

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