El verano todavía no ha llegado, pero en algunos restaurantes de Santander ya se nota que se acerca. Ramón Cruz Vega, propietario del restaurante Gele, lleva semanas viendo cómo se llena la agenda de agosto antes de que empiece el calor. «Ya tenemos más de 50 mesas reservadas para agosto, a pesar de que todavía faltan meses», explica. Una cifra que, a su juicio, anticipa lo que se repite cada temporada: «En verano estaremos prácticamente llenos; viene muchísima gente de fuera y el restaurante funciona muy bien».

El perfil del cliente que llena esas mesas tiene una procedencia clara. Madrid es, según Cruz Vega, el principal mercado emisor de su negocio durante los meses estivales, algo que encaja con el patrón general del turismo interior hacia Cantabria: la costa cántabra actúa como válvula de escape para quienes huyen de las temperaturas del interior peninsular. «Gran parte de nuestros clientes en verano son de Madrid», confirma.
Con todo, el hostelero insiste en que su modelo no depende exclusivamente del turista de paso. «También contamos con mucha clientela habitual que repite cada año. No dependemos solo del turismo», concluye, subrayando que esa base fija de clientes es la que da estabilidad al negocio más allá de los picos estivales.
El Ayuntamiento, con «previsión claramente positiva»
La sensación que transmite la hostelería tiene su correlato institucional. El concejal de Turismo, Francisco José Arias Rivero, describe el panorama con optimismo y apunta a datos que lo respaldan: 2025 fue el mejor año turístico del siglo XXI en Cantabria, con más de dos millones de visitantes, más de seis millones de pernoctaciones y más de 430.000 turistas internacionales que generaron un gasto aproximado de 487 millones de euros en la región.
Sobre esa base, el responsable municipal afronta el verano sin excesivas dudas. «Afrontamos el verano de 2026 con una previsión claramente positiva, con niveles de ocupación similares o ligeramente superiores a los del pasado año», señala.

Los datos del primer trimestre de 2026 apuntan en la misma dirección: según el Instituto Nacional de Estadística (INE), las pernoctaciones hoteleras en Cantabria acumulan un crecimiento del 3,4% en los tres primeros meses del año respecto al mismo periodo de 2025, con mayor empuje del turismo extranjero (+4,2%) que del nacional (+2,1%).
Arias Rivero matiza, sin embargo, que el objetivo no pasa únicamente por batir cifras de afluencia. «Santander está preparada, pero nuestra prioridad no es solo asumir más visitantes, sino gestionarlos mejor», explica, en línea con la estrategia de desestacionalización que viene impulsando el Gobierno de Cantabria para reducir la dependencia de los picos de julio y agosto.
El Sardinero, epicentro del turismo estival
Zonas como El Sardinero concentrarán gran parte del flujo de turistas durante los meses de verano, en un periodo que se perfila como clave para la actividad económica de la ciudad. El barrio, con sus dos playas, la Plaza de Italia y el entorno del Gran Casino, se convierte cada julio y agosto en el corazón turístico de Santander, aglutinando una oferta de hostelería, comercio y ocio que depende en buena medida de la temporada alta para sostener su actividad anual. El reto para los próximos meses será consolidar los registros récord de 2025 en un contexto de ligera moderación.
Las cifras del primer trimestre de 2026 muestran crecimiento acumulado en pernoctaciones, pero también revelan que marzo cerró con un descenso del 8,3% en Cantabria respecto al mismo mes del año anterior —dato que convive con el aumento del 1,39% en número de viajeros—, lo que apunta a estancias más cortas. Con todo, tanto el Ayuntamiento como los negocios del sector afrontan el verano con más confianza que cautela.




