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La política del meme. Con la IA hemos topao

Se ha normalizado por completo recurrir a esta práctica para hacerse notar y ocupar el vacío de propuestas o aportaciones reales que cambian la vida de las personas

No negaré que el humor e ingenio español, es un patrimonio inmaterial muy valioso. No quita para que ciertos generadores de opinión y/o representantes políticos, que es en lo que me quiero centrar, no sepan hacer otra cosa más allá del “zasca” oral y el meme gráfico. Además ahora ha entrado en juego la IA, para mayor gloria del que solo busca posicionarse con ataques, en lugar de propuestas que se noten en el día a día.

«La política es el arte de lo posible, no la capacidad para viralizar»

Estamos viviendo el auge de la política del meme, esa que prefiere un buen montaje de vídeo a una buena reforma laboral. En el Congreso y el Senado, el «zasca» se ha convertido en la moneda de cambio. Ya no importa si el argumento tiene base; lo que importa es que el clip de 20 segundos deje en ridículo al rival para que las hordas digitales lo jaleen.

La “San Jerónimo Pictures” de Madrid

La política nacional es completamente de cartón piedra. El Congreso de los Diputados, se ha convertido en los estudios de grabación de una política que ni Santiago Segura ha atinado a parodiar en su última película, teniendo un parecido más bien de un diario de sesiones cualquiera. El problema de buscar siempre «hacerse notar» es que, al final, lo único que queda es el ruido —y los memes—. Mientras los extremos se alimentan de la rabia y el algoritmo premia el insulto, la gestión real —la que no tiene música épica de fondo— se queda arrinconada como si fuera algo aburrido o «de centro», cuando en realidad es lo único que nos mantiene a flote.

La banalización del horror: la guerra como contenido

Pero lo más preocupante no es solo el chiste político; es el paso siguiente: la frivolización del dolor. Estamos viendo cómo se generan contenidos para jóvenes donde ataques atroces o crímenes de guerra se editan con filtros de colores, efectos de cámara lenta y bases de música trap o tecno.

«Cuando la política se convierte en espectáculo, la tragedia se convierte en entretenimiento»

Es escalofriante ver cómo un bombardeo real se consume en TikTok como si fuera una partida de un videojuego. Hemos barnizado lo más detestable del ser humano con una estética atractiva para que los chavales le den a «me gusta» mientras ven cómo se destruye una vida. Esa es la consecuencia última de la política del meme: si todo es un clip, si todo es un chascarrillo, nada es sagrado, ni siquiera la muerte de unos críos en un colegio por un bombardeo.

Y tú, ¿Cueces o enriqueces?

No se si recordaréis el ingenioso eslogan de Avecrem, pero me sirve para poner el siguiente ejemplo:

Por un lado, tienes al político que cuece, que se pasa la mañana insultando en redes y consigue 100.000 compartidos por llamar «incapaz» al de enfrente.

Por el otro, tienes al político que enriquece. Alguien que se pasa seis meses buscando como financiar una mejora para su pueblo, que negocia en un despacho para conseguir que el abono transporte baje diez euros o que legisla para revertir situaciones de desigualdad en diferentes colectivos.

El político que cuece saldrá en todos los informativos. Incluso ‘escaldao’ de algún acalorado debate. El político que enriquece, posiblemente sea invisible. Yo defiendo y entiendo la política que enriquece, aunque seduzca menos porque en las grandes medidas lo importante también está en el interior.

Aitor Esteban: «Si bien me quieres Mariano, da menos leña y más grano»

Hemos permitido que el insulto y el ataque mutuo arrinconen la utilidad de la política. Su prestigio no se recuperará con mejores community managers, sino con mejores resultados.

En un lejano 2016 Aitor Esteban, por aquel entonces portavoz del PNV, le decía al Presidente Mariano Rajoy de manera rimada que se dejase de discursos y que hablase de cosas más concretas. Literalmente ir al grano.

Como ciudadanos, nos toca hacer el esfuerzo de interpretar la realidad más allá del ruido. Debemos aprender a valorar esa política que se nota en el día a día, en las cosas tangibles que nos facilitan la vida, y dejar de poner en el centro del debate a quienes solo saben destruir. Ahora más que nunca, nos va la vida en ello.

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