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Ignacio Varela: «Si conocéis a ocho amigos que fuman, uno va a morir de cáncer de pulmón»

El investigador del Instituto de Biomedicina y Biotecnología de Cantabria (IBBTEC) abordó cuestiones como el cáncer, las pseudoterapias, la inteligencia artificial o la experimentación animal
Ignacio Barela durante el Thinglao | Daniel Martínez
Ignacio Barela durante el Thinglao | Daniel Martínez

Ignacio Varela, investigador especializado en cáncer de pulmón en el Instituto de Biomedicina y Biotecnología de Cantabria (IBBTEC), participó en la última edición de Thinkglaos Santander con una intervención centrada en los principales retos de la investigación biomédica y en la percepción social de la enfermedad. A lo largo de su exposición, combinó explicaciones técnicas con reflexiones sobre algunos de los debates más presentes en torno al cáncer, desde el papel del tabaco hasta los límites de la inteligencia artificial o el uso de animales en investigación.

Durante su intervención, Varela explicó el origen del cáncer desde una perspectiva biológica, insistiendo en que se trata de un proceso acumulativo de errores en el ADN que alteran el funcionamiento normal de las células. Para ilustrarlo, recurrió a una comparación que utiliza habitualmente en sus clases: “El ADN tiene unos 3.000 millones de nucleótidos. Si lo tradujéramos a libros, serían aproximadamente 200 volúmenes de 500 páginas. No es el libro de instrucciones de la célula. Es la biblioteca”. En este sentido, subrayó que solo entre un 10% y un 15% de los tumores tienen un componente hereditario, mientras que la mayoría están vinculados a factores externos.

Entre esos factores, el investigador destacó de forma especial el consumo de tabaco, al que se refirió como uno de los principales determinantes del cáncer de pulmón. Según explicó, el riesgo de desarrollar esta enfermedad en fumadores es aproximadamente treinta veces superior al de los no fumadores, y uno de cada cinco o seis fumadores acabará padeciéndola, con una elevada mortalidad asociada. Para ilustrar el alcance de estas cifras, Varela recurrió a un ejemplo directo: “Si conocéis a ocho amigos que fuman, dos o tres van a tener cáncer de pulmón y uno va a morir”.

“La alternativa a la experimentación animal es la experimentación humana” Ignacio Varela, investigador en el IBBTEC

Además, comparó el impacto del tabaco con el de la pandemia de Covid-19, recordando que mientras esta provocó unos siete millones de muertes en todo el mundo, el tabaco causa alrededor de ocho millones cada año, de las cuales cerca de dos millones corresponden a fumadores pasivos. En este contexto, señaló que la prohibición de fumar en determinados espacios responde precisamente a ese impacto sobre terceros, al afectar también a personas que no consumen tabaco.

Experimentar con animales

Otro de los bloques centrales de la charla fue la experimentación animal, un ámbito que el investigador abordó de forma directa ante su carácter controvertido. Varela defendió su necesidad en el contexto actual de la investigación biomédica, señalando que todavía no es posible reproducir en laboratorio sistemas complejos como el inmunológico, el endocrino o el nervioso. En este sentido, explicó que los proyectos que implican el uso de animales están sometidos a un elevado nivel de control, con la intervención de varios comités y procesos de evaluación que pueden prolongarse durante meses, en los que se exige justificar tanto la necesidad del experimento como las condiciones en las que se llevará a cabo. Frente a las críticas, resumió su postura con una afirmación contundente: “La alternativa a la experimentación animal es la experimentación humana”.

Durante la charla, Varela también se mostró crítico con la proliferación de pseudoterapias y con la percepción de que lo natural es necesariamente beneficioso. A su juicio, esta idea carece de base científica y puede resultar peligrosa si lleva a abandonar tratamientos médicos eficaces. “Los venenos más potentes del mundo son plantas naturales”, afirmó, recordando que muchos fármacos tienen origen natural, pero han sido desarrollados mediante procesos de aislamiento y síntesis que permiten identificar y administrar únicamente los compuestos eficaces. En la misma línea, abordó el papel de la actitud del paciente ante la enfermedad, señalando que, aunque el estado emocional puede influir en el sistema inmune a través de mecanismos hormonales, no puede considerarse en ningún caso un tratamiento por sí mismo, sino un elemento complementario.

Crítica a la IA

El investigador dedicó también parte de su intervención a la inteligencia artificial, sobre la que se mostró escéptico en su estado actual de desarrollo. Consideró que existe una cierta sobreexpectación en torno a esta tecnología y que, en muchos casos, su funcionamiento real es menos sofisticado de lo que se percibe. Para ilustrarlo, relató el ejemplo de un modelo que aparentemente era capaz de determinar la hora del día a partir de imágenes, pero que en realidad se limitaba a leer un reloj presente en ellas. A su juicio, uno de los principales problemas de la inteligencia artificial es la falta de transparencia sobre los procesos que sigue para llegar a sus conclusiones, lo que dificulta su interpretación y limita su aplicación en determinados ámbitos. No obstante, reconoció su utilidad en campos como el análisis de datos genómicos, siempre como herramienta de apoyo al trabajo científico.

“Un buen gestor público es el que sabe dónde mete cada dinero” Ignacio Varela, investigador en el IBBTEC

En el turno de preguntas, Varela fue cuestionado sobre la prioridad entre reducir las listas de espera sanitarias o aumentar la inversión en investigación, una dicotomía que rechazó de forma expresa. Según explicó, los tratamientos actuales son el resultado de investigaciones realizadas décadas atrás, por lo que ambas dimensiones deben avanzar de manera paralela. “Ahora estamos tratando con lo que se investigó hace 25 años. Investigamos para el paciente de dentro de 30 años”, afirmó, defendiendo la necesidad de mantener la inversión en ciencia al mismo tiempo que se mejora la capacidad asistencial del sistema sanitario.

Como ejemplo de los avances logrados gracias a la investigación, mencionó el caso de determinadas leucemias infantiles, que en los años noventa presentaban tasas de mortalidad muy elevadas y que hoy cuentan con tasas de supervivencia cercanas al cien por cien. Sin embargo, advirtió de que no todos los tipos de cáncer han experimentado la misma evolución, y citó el cáncer de páncreas como uno de los casos en los que los progresos han sido más limitados. En este contexto, concluyó que no tiene sentido enfrentar la inversión en investigación, pensada para mejorar los tratamientos del futuro, con la reducción de las listas de espera y la mejora de la asistencia actual, ya que ambas son necesarias. “Un buen gestor público es el que sabe dónde mete cada dinero”, concluyó.

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