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«Había cosas de la vida de Graham Greene que solo podían contarse desde la novela»

El autor y profesor santanderino, Carlos Villar, ha llevado a la ficción su ensayo sobre los viajes del escritor inglés a España
Carlos Villar Flor posa con un ejemplar de ‘Los viajes de Graham Greene por España y Portugal’ | Foto: UR
Carlos Villar Flor posa con un ejemplar de ‘Los viajes de Graham Greene por España y Portugal’ | Foto: UR

Después de más de una década investigando los viajes de Graham Greene por España, uno de los autores ingleses más leídos del siglo XX, el catedrático y escritor Carlos Villar Flor publica Tras las huellas de Greene, una novela que traslada al terreno de la ficción un largo trabajo académico. El libro combina thriller literario, crónica de viajes y reflexión moral para recorrer la huella que el escritor británico dejó en la España de la Transición.

La historia parte de una investigación exhaustiva, pero da el salto a la novela para articular un relato en el que se cruzan un asesinato, un manuscrito desaparecido y un viaje por la España interior. Villar Flor, profesor de Literatura Inglesa en la Universidad de La Rioja, convierte así su quehacer académico en una aventura literaria que acerca al público la figura de Graham Greene y sus viajes por la Península.

Para quien se acerque por primera vez a su obra, ¿qué se va a encontrar en Tras las huellas de Greene?
Se va a encontrar un thriller literario inspirado en los viajes que Graham Greene realizó por España entre 1976 y 1989. Hay un asesinato y una investigación, pero no es solo una novela de misterio. Es también una novela de viajes, de personajes y de ideas, construida a partir de esos recorridos por la España interior que hizo Greene en sus últimos años.

Graham Greene es un autor muy conocido. ¿Cómo llegas tú a él y qué te impulsa a investigarlo?
Soy catedrático de Filología Inglesa y mi docencia se centra en la literatura inglesa de finales del siglo XIX y la primera mitad del XX. Durante años fui asistente habitual a unos festivales que se celebraban en honor a Graham Greene en su localidad natal y, en ese contexto, me di cuenta de que existía una laguna importante en su biografía.
Se han escrito muchas biografías sobre él, porque tuvo una vida apasionante, fue un viajero incansable, espía del servicio secreto británico, amante apasionado. Su vida es muy interesante. Fue una figura llena de facetas que no desmerecen a ninguna de sus novelas. Pero faltaba un estudio riguroso y sistemático sobre qué hizo exactamente en sus quince viajes a España: ¿qué hacía aquí y por qué venía?.
Cuando fui consciente de ese vacío, me planteé que quizá podía intentar llenarlo. Comencé una investigación que me llevó a viajar a Birmingham, Yorkstown, Boston, Londres… Fue una labor de siete años que dio como resultado un libro biográfico publicado en 2020.

Ese libro llega después de varios años de investigación. ¿En qué momento decides que ese material debía convertirse en una novela?
La investigación comenzó en 2013 y culminó con la publicación del libro biográfico en 2020, justo antes del confinamiento por la pandemia. Eso hizo que quedara sepultado durante un tiempo, porque las prioridades eran otras.
Durante aquellos meses de confinamiento, mi terapia ocupacional fue convertir esa biografía en una novela. Había anécdotas, situaciones y personajes que pedían otro tratamiento. La ficción era la forma de darles una vida distinta, más abierta al lector general.

La novela arranca con el asesinato de un joven español relacionado con un diario de Graham Greene. ¿Cómo se articula la historia?
La historia comienza con el asesinato de un joven que regresa de la Universidad de Georgetown tras robar un diario relacionado con los viajes de Greene por España. Justo al llegar, aparece muerto y el manuscrito desaparece.
A partir de ahí, el misterio lo investigan una pareja cervantina formada por el subinspector Mariana y el profesor Millán, experto en Graham Greene. Millán acaba revelándose como una especie de Quijote caballeroso, mientras que el policía adopta un papel más cercano al de Sancho: es capaz de deslumbrar, pero también de sacar de apuros al investigador. Ese dúo era importante para mí.

¿Por qué eliges a Graham Greene como figura central?
Greene es una figura fascinante. Fue uno de los grandes escritores ingleses del siglo XX, vendió millones de ejemplares, estuvo muchos años sonando para el Nobel y tuvo una vida llena de aristas: espía, viajero incansable, católico lleno de dudas, con una personalidad muy compleja.
Sus quince viajes a España fueron decisivos para su obra tardía, especialmente para Monseñor Quijote, y sin embargo estaban muy poco estudiados. Monseñor Quijote es un homenaje al Quijote de Cervantes y, en ese sentido, mi novela también es, a su manera, un homenaje tanto al Quijote como a Monseñor Quijote.

¿Qué te ofrecía la ficción que no te ofrecían el ensayo o la biografía?
La posibilidad de convertir la investigación en una historia viva. El ensayo exige rigor, comprobación constante y límites muy claros. La novela permite recrear atmósferas, diálogos y conflictos humanos.
Me daba la libertad de transformar toda esa información en un relato con tensión, que avanzara y que interpelara al lector desde otro lugar. He trabajado muchos géneros —poesía, narrativa, biografía, guiones cinematográficos, traducciones— y creo que distintas ideas requieren distintos formatos.

Tu trabajo parte de una investigación muy extensa. ¿Cómo fue el proceso de decidir qué entraba en la novela y qué debía quedarse fuera?
Es un thriller, pero también un biopic. Hay flashbacks al pasado que reconstruyen los viajes de Greene. En lo que concierne a él, he sido muy realista: el 99% de lo que se dice sobre Greene en la novela es verdad y está basado en mi investigación.
Los lectores que quieran conocer su vida encontrarán aquí un material fiable. Todo lo demás pertenece ya al terreno de la ficción.

¿Qué límites te marcaste a la hora de ficcionar personajes y situaciones vinculadas a personas reales?
El Greene que aparece en la novela es muy cercano al Greene real, porque existe muchísima documentación sobre él. En otros casos, como el del sacerdote que lo acompañó en sus viajes, me permití más licencias, empezando por el cambio de nombre.
El objetivo no era hacer una reconstrucción exacta, sino una interpretación literaria respetuosa.

¿Hubo algún momento en el que dudaste del camino que estaba tomando la novela?
No tuve dudas serias. Una de las ventajas del confinamiento fue que pude centrarme mucho, porque no tenía tantos compromisos.
Sí que soy muy exigente con la corrección: me gusta pulir palabras, párrafos, reescribir mucho para encontrar el equilibrio. Por eso es tan importante que los textos se publiquen, porque si no, probablemente no se publicarían nunca.

La novela recorre distintos puntos de la geografía española. ¿Era importante para ti haber viajado esos lugares?
El itinerario de los investigadores pasa por Madrid, Salamanca, Valladolid, León y termina en la montaña cántabra. Ese recorrido está basado en Monseñor Quijote, con la licencia de que allí la historia termina en la montaña.
Conozco bien muchos de esos lugares y eso me permitía describirlos con verdad. El viaje no es solo un decorado: influye en los personajes y en la forma en que se relacionan entre ellos.

La historia se articula a partir de una investigación. ¿Por qué eliges el thriller como vehículo narrativo?
Porque el misterio es un mecanismo muy eficaz para mantener la atención del lector. La intriga genera suspense, pero no es un fin en sí mismo. Es una herramienta para hablar de otras cosas: de la amistad, del diálogo, de la fe, de la ética, del sentido de la vida.

Muchos escritores dicen que sus inquietudes se filtran en lo que escriben. ¿Hasta qué punto ocurre eso en esta novela?
Uno de los peligros del thriller es que se quede solo en la trama del asesinato. Creo que una novela que se precie puede tener esa trama de suspense, pero debe aprovecharla para transmitir una visión de la vida.
No de forma doctrinal ni didáctica, porque no me interesa, sino como preguntas. La novela propone ideas e invita a reflexionar, a considerar distintos puntos de vista.

La novela tiene una estructura muy visual y un ritmo muy cinematográfico. ¿Te imaginas “Tras las huellas de Greene” dando el salto a la pantalla?
No cabe duda. Es una característica de los escritores de las últimas generaciones: hemos visto cómo una etapa en el éxito de una novela es que se traslade a la gran o pequeña pantalla, casi como una coronación de su popularidad. Me encantaría.
Hubo un director de cine que leyó mi biografía y contactó conmigo porque le había entrado el gusanillo de darle vueltas a una película de ficción sobre los viajes de Greene. De momento no ha salido, pero no lo descarto.

Después de este libro, ¿sientes que has cerrado una etapa en tu relación con Graham Greene o que aún quedan caminos por explorar?
Como novela, sí. Ha sido un viaje largo, de unos doce años muy intensos. Ha habido tres fases claras: la investigación biográfica, la novela y la adaptación del ensayo al inglés.
Ahora hay una cuarta fase en marcha, que es un proyecto documental sobre los viajes de Greene por España, en el que estoy trabajando como guionista. Con eso, probablemente, quede cerrada esta relación literaria con Graham Greene.

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