A veces, las grandes historias empiezan “por casualidad”. Y eso le ocurrió a Carlota Fernández Osorio, campeona del mundo de karate —kumite por equipos— en 2023, abogada especializada en Derecho Deportivo y concejala de Deportes, Medio Ambiente y Salud en Noja, casi nada. Su trayectoria es la de una deportista que ha aprendido a competir en muchos frentes: en el tatami, en los tribunales y ahora también en la gestión pública. Una influencia creciente para la sociedad que le ha valido una nominación a los Premios Creando Cantabria en la categoría de Deporte y Salud, donde se reconoce el talento de la región.
En Galerna Press hemos hablado con Carlota antes de la gala del 18 de diciembre, con las votaciones aún abiertas y ella situada entre las cinco favoritas. Fernández, que comenzó en el karate “porque era lo que quedaba más cerca de casa”, recuerda que “por desgracia no había mucha oferta deportiva en mi pueblo, Noja”, y que sus padres la apuntaron “con cinco años” y “dieron en el clavo” casi sin proponérselo. Como resultado, aquel deporte que empezó como una actividad extraescolar terminó por convertirla en una de las grandes referentes del kumite español.
“Poco a poco me fui enganchando”, cuenta. El paso del colegio a un club en Santoña la llevó a sus primeras competiciones, pero el salto definitivo llegó en la universidad, cuando la autonomía de la adultez le permitió dedicarse al alto rendimiento de una manera “más profesional”. Esa evolución —cargada de galardones y premios a su paso— culminó en Budapest 2023, donde se proclamó campeona del mundo por equipos. En esta modalidad, grupos de tres compiten de forma individual y el conjunto que gana dos combates se lleva la eliminatoria. Y sí, Carlota venció en todos los suyos, incluido el punto decisivo en la final.
Carlota Fernández Osorio: «Ser campeona del mundo ha sido el momento más bonito de mi carrera. Tuve un papel muy protagonista y, sin duda, es mi mejor recuerdo. Aun así, espero poder superarlo»


¿Qué es el kumite?
¿Kumite? Significa combate en japonés, y es que muchos de los que estáis leyendo estas frases os estaréis preguntando lo mismo: tras deducir que es una variante del karate, ¿en qué consiste? Ella, acostumbrada a explicarlo, lo resume así: “El karate se divide en katas, donde participan personas reconocidas por sus medallas olímpicas como Sandra Sánchez y Damián Quintero, y en combate, esta segunda modalidad: es lo mío”. Y añade: “El combate en el karate son acciones que se realizan de forma controlada, en zonas puntuables y con buena técnica”.
Las puntuaciones se reparten entre Yuko (1 punto), Waza-ari (2) y la máxima valoración, Ippon (3), que se consigue con patadas jodan —a la cabeza— o con técnicas que derriban al rival acompañadas de un golpe válido.
Para hacerlo más comprensible, recurre al fútbol: “Al final es como un partido de fútbol, pero dura tres minutos y a tiempo parado cada vez que hay un punto. Así se van otorgando puntos y vas viendo cómo va el marcador hasta que acabe el tiempo y quien más puntos sume, gana”.
Fernández entiende que el público no esté familiarizado con esta modalidad. Para ella, al karate “aún le falta ganar más presencia en los medios de comunicación, aunque poco a poco lo estamos consiguiendo”. Se compara con otros países en los que compite: “En otros lugares el karate sí que ocupa más agenda mediática a lo largo del año”, y añade con lástima que “aquí, sin medalla, no hay noticia”. “Es una pena para la cultura deportiva de España y para el deportista, porque es muy bonito cuando ganas y se te reconoce, pero cuando pierdes… el tiempo invertido, la ilusión, el entrenamiento, han sido los mismos, ganemos o no una medalla”, explica.
Y es esa autoexigencia, que un karateka debe imponerse y a la que debe someterse, la que explica el torbellino emocional que vive Carlota sobre el tatami: “Hay momentos de depresión, momentos de recuperar, de reventar… pasan muchas cosas en estos minutos”. Con total naturalidad, reconoce que “por supuesto” trabaja “con psicólogos deportivos para esa faceta mental”, profesionales que la ayudan “a gestionar todo lo que hay alrededor y a gestionar conflictos internos de ansiedad y aflicción”. También subraya la importancia del trabajo físico: “Compitiendo, las pulsaciones se disparan, entonces es muy importante estar bien en aspectos como fuerza, flexibilidad, resistencia… es bastante complejo entrenarlo, pero para esto contamos con preparadores físicos especializados”.
Derecho deportivo
Como tantos jóvenes deportistas con proyección, Carlota tuvo que aprender a organizar su vida para compaginar estudios y entrenamiento, sacrificando horas de sueño y ocio.
Carlota Fernández Osorio: “Sacrifiqué cosas por el camino, pero tampoco lo he echado de menos, sobre todo ahora que lo puedo ver con un poco de perspectiva”
Ese esfuerzo la llevó a graduarse en Derecho por la Universidad de Cantabria y a completar el máster en Derecho Deportivo en la Universidad de Lleida. Como resultado, hoy puede decir que, “tras mucho esfuerzo”, ejerce como abogada en el bufete BB Sport&Law, un despacho sin sede física pero plenamente operativo en formato online. Especializada en la rama, trabaja con federaciones autonómicas y alguna nacional en asuntos de disciplina deportiva, reglamentos o contratos de patrocinio: un soporte, explica, que “puede ser para clubes, deportistas y federaciones por igual”.

Aunque ya está colegiada y ejerciendo, Fernández admite que no puede dedicarle todo el tiempo que le gustaría, y añade entre risas: “Sería el 100%”. Pero lo tiene claro: “Del karate no se vive y tampoco dura para siempre, y la abogacía es la rama a la que me quiero dedicar en plenitud cuando me retire”.
Concejalía en Noja
Sorprende cómo, a cualquier ser humano, se le quedan cortas las 24 horas del día para hacer un par de gestiones, y a Fernández le cunden las horas, los minutos y los segundos para ser también concejala en el municipio que la vio crecer: Noja.
Carlota Fernández Osorio: “Cuando me ofrecieron ser concejala mi primera respuesta fue que no, pero porque nunca me lo había planteado”
Tras pensarlo dos veces, reflexionó que “podía aportar tanto de la experiencia como deportista como con todo lo que había aprendido en relación a la gestión deportiva”, así que aceptó: “porque al final también me parecía una forma bonita de intentar devolverle a Noja algo de lo que yo había mamado de joven”.
“Los deportistas de élite estamos acostumbrados a la presión, a gestionar problemas que a otras personas se les puede hacer un mundo”, señala. Además, comenta cómo sus conocimientos y contactos en derecho deportivo le permiten impulsar eventos, apoyar a clubes locales o asesorar a jóvenes promesas: “cuando alguien entra a mi despacho agradece hablar del tema con alguien que se dedica a esto y que está familiarizada con el deporte”.


Así, la historia de Carlota Fernández es, en definitiva, la de una mujer cántabra capaz de combinar tres mundos que parecen incompatibles —la élite deportiva, el derecho y la gestión pública— y hacerlos convivir gracias a una carrera construida sobre disciplina, pasión y sacrificio. Una historia que demuestra que la casualidad existe, pero que, como todo, también se entrena.




