Ni la subida de precios ha logrado enfriar la pasión de los españoles por el café. En 2024, el consumo per cápita creció un 3,7%, hasta alcanzar los 67 millones de tazas diarias —el equivalente a 1,5 por persona al día—, según datos de la Asociación Española del Café (AEC). Todo ello, a pesar de que el precio del producto se encareció un 7,2% en el mismo periodo.
El café sigue siendo uno de los rituales más inquebrantables de la jornada para los ciudadanos de un país, España, que importó el pasado año 345.274 toneladas de café verde, un 13% más que en 2023, con un valor superior a 1.257 millones de euros, casi un 46% más en términos económicos. Más del 60% de esas importaciones procedieron de Vietnam y Brasil, los dos gigantes mundiales del grano.
Por variedades, el arábica —originario de Brasil, Colombia o la India— representó el 50,4% del total, mientras que el robusta, típico de Vietnam, acaparó el 49,6%. La producción nacional de café tostado y soluble alcanzó las 218.507 toneladas, y el sector continúa siendo un motor de empleo con 6.250 puestos directos, un 2,5% más que el año anterior.
Por todo esto, en Cantabria, una pequeña empresa está aportando su granito —o su grano— a esta tendencia. Café Pindio, fundada hace poco más de medio año por Nacho, Paolo y Chema, tuesta y distribuye café de especialidad con una filosofía clara: hacer que el buen café sea accesible para todos los públicos.
Chema Gómez, tostador principal, explica que su objetivo es “democratizar el café: no hace falta ser elitista para disfrutarlo”. En su pequeño obrador, ubicado en el Polígono Industrial de La Vega, en Reinosa, los granos llegan verdes desde Brasil, Etiopía, Ruanda y Colombia, y se tuestan “de forma artesanal y siempre con frescura”.
Chema Gómez: “Tostamos el café según la demanda y procuramos que el cliente reciba un producto recién hecho. No queremos que nadie tenga que beber un café tostado hace tres meses”
Como resultado, el día a día en Café Pindio combina rigor y creatividad. Cada lote de café se tuesta artesanalmente, se deja reposar entre 24 y 48 horas y se envasa a mano. Además, la empresa gestiona personalmente la entrega a clientes y negocios cercanos, buscando un contacto directo y cercano con quienes disfrutan de su café.



“Queremos seguir un poco la filosofía de regiones como Escandinavia o países como Australia y Nueva Zelanda, pioneros en esto, que ya han dejado atrás el café burocrático: ese que carece de sabor y personalidad y se consume simplemente por rutina, porque hay que empezar el día con él”, añade Chema.
Gómez, quien empezó en este mundo tras pequeños cursillos de tostado de café, de capping y de catas y, sobre todo, mediante mucho self-didacting, destaca también la importancia de trabajar con pequeños productores: “Intentamos que los tostadores de los que nos proveemos tengan visibilidad y sean respetados por su trabajo, porque eso también se refleja en la calidad del café”.
Del bar de barrio al café de especialidad
Chema reconoce que la cultura del café en España ha cambiado en los últimos años y explica que “siempre hemos sido un país muy cafetero”. Matiza, eso sí, que antes “el café era una necesidad, una rutina; ahora empieza a verse como una bebida de disfrute, algo que se saborea”.
El tostador señala que los consumidores muestran cada vez más interés por el origen, la trazabilidad y la sostenibilidad. “La gente quiere informarse y pregunta de dónde viene el café, cuál es su origen, quién lo cultiva y cómo se tuesta. Cada vez cuestionan más: ‘¿Este tueste es natural?’; se nota que los consumidores ya tienen conocimientos y se interesan por la calidad del producto”.



El auge del café de calidad no significa, sin embargo, dejar atrás las costumbres. Chema, alicantino de origen, se ríe al ser preguntado si ponerle hielo al café es un sacrilegio: “Para nada. En mi tierra, en cuanto llega mayo, todo el mundo toma café con hielo. No hay una forma ‘correcta’ de beberlo: lo importante es que el café sea bueno. Cada uno debe disfrutarlo a su manera”.
Incluso recomienda alternativas más elaboradas, como el cold brew, un café infusionado en frío durante varias horas. “Se puede preparar en casa y el resultado es espectacular”, asegura.
El reto del precio y el valor de origen
Aunque los precios globales del café siguen al alza, en Café Pindio se esfuerzan por mantener el equilibrio: “Queremos ajustar nuestros precios al máximo. No queremos que beber un café bueno se convierta en un lujo o en un hobby caro”, explica Chema.
Chema Gómez: “El café de especialidad debe estar al alcance de todos”
El tostador defiende un modelo que respeta el trabajo de los productores, apuesta por la trazabilidad y busca crear cultura en torno al café de calidad. “Los cafés nos costarán cada vez más, pero intentaremos que sigan siendo accesibles”, asegura.
“Cantabria también se merece su buen café”
El nombre de la empresa, Pindio, alude a la expresión cántabra que significa “cuesta arriba”, y resume su espíritu de esfuerzo y constancia: “Refleja lo que somos y lo que queremos transmitir: trabajo bien hecho, autenticidad y cercanía”, explica Chema.
Chema Gómez: “Queremos que la gente de aquí también tenga acceso a cafés de calidad, que no sea algo reservado a las grandes capitales”
Café Pindio representa esa nueva ola del café que, lejos de detenerse ante los precios, continúa creciendo y transformando la manera en que España disfruta su taza diaria. Porque, como dice Chema con una sonrisa antes de despedirse: “Basta con querer un café bueno, auténtico y bien hecho… y en eso, en Cantabria, también sabemos ponerle corazón”.





