El futuro del Racing se imagina entre el mar y la montaña. Esa es la metáfora que ha elegido el club para presentar su gran proyecto de modernización: el ‘Nuevo Sardinero’, una reforma valorada en 68 millones de euros que promete no solo ampliar el estadio, sino redefinir toda la zona.
El acto tuvo lugar en el Centro Botín y reunió a los principales responsables de la entidad: Manolo Higuera, presidente y copropietario; Sebastián Ceria, presidente de la Fundación Racing; y el arquitecto César Azcárate, de la consultora IDOM, encargada de dar forma al plan. No faltaron representantes de todos los partidos políticos, aunque sí se echó en falta a la alcaldesa Gema Igual y a los consejeros de Fomento y Deporte, cuya asistencia había sido anunciada.

Higuera explicó que el proyecto —contenido en un documento técnico de más de 500 páginas con planos, estudios económicos y presupuestos— será registrado “de manera inmediata” en el Ayuntamiento de Santander. El objetivo, dijo, es claro: “que a la administración no le cueste un euro”.
Un estadio que crece hacia el mar y hacia el verde
La ampliación del estadio se centrará en las gradas Este y Oeste, que ganarán altura y capacidad hasta alcanzar los 27.000 espectadores, cuatro mil más que en la actualidad. Por el lado Este, el Sardinero crecerá hacia la Segunda Playa; por el Oeste, hacia el Parque de Las Llamas.
El aparcamiento oriental será soterrado, y sobre él se levantará la mayor plaza pública de Santander, con terrazas escalonadas que ascenderán hacia la fachada del estadio. En su interior se ubicarán locales comerciales, espacios culturales y, posiblemente, un hotel.
Las cubiertas actuales de ambas gradas laterales se sustituirán por una estructura que permitirá añadir un anfiteatro suplementario con unas 2.000 nuevas localidades por lado. En la grada Oeste se habilitarán oficinas, zonas de prensa, espacios deportivos y áreas de hospitality, un concepto que el club quiere potenciar para incrementar sus ingresos. Las gradas Norte y Sur, en cambio, se limitarán a una renovación estética del revestimiento exterior.
“El Sardinero actual es robusto y está bien construido”, aseguró Azcárate. “No hace falta demolerlo; solo hay que hacerlo crecer hacia fuera”.
“Un estadio entre el mar y la montaña”
El lema del proyecto no es casual. Azcárate lo describió como “un estadio urbano abierto al mar, a la montaña y a la ciudadanía”, integrado en el eje verde que une los Picos de Europa con Las Llamas y el Cantábrico. El arquitecto defendió que el actual recinto “es un tapón urbano” y que el nuevo diseño buscará una fachada más humana y un entorno más amable, con zonas verdes, energía solar y criterios de sostenibilidad.
Sebastián Ceria completó esa visión con una idea más emocional: “Queremos que El Sardinero deje de ser la casa de los racinguistas cada dos semanas para ser la casa de todos los santanderinos”.
El dirigente insistió en que el proyecto no se concibe solo desde el fútbol, sino desde la ciudad. “Queremos que sea un punto de encuentro, un espacio de desarrollo, un motivo de orgullo para todos”, explicó.
Ambición y colaboración público-privada
La financiación, según los responsables del club, será íntegramente privada, aunque requerirá colaboración institucional. Higuera y Ceria coincidieron en reclamar “ambición” y “liderazgo político” para sacar adelante un proyecto que consideran “transformador”.
“No venimos a administrar la pobreza —afirmó Higuera—, sino a generar riqueza futura”. Y añadió: “El único obstáculo sería la falta de voluntad política”.
La propuesta contempla que la inversión privada se recupere mediante cesiones de uso de los nuevos espacios comerciales, sin que el Ayuntamiento pierda la titularidad de los terrenos ni del estadio.
Plazos: el horizonte de 2030
Una vez registrado el documento, el club espera que el Ayuntamiento apruebe una modificación puntual del Plan General de Ordenación Urbana (PGOU), un trámite que podría extenderse entre 12 y 18 meses. A eso habría que sumar medio año más para licencias y unos dos años de obras, que se ejecutarían por fases para mantener la actividad deportiva.
En total, el horizonte de finalización se sitúa a partir de 2030.
El arquitecto precisó que la obra se planificará “sin grandes excavaciones” para evitar problemas de aguas subterráneas y que el aparcamiento soterrado conservará “espacio suficiente para coches y autobuses”.
Una ilusión que va más allá del fútbol
El Racing quiere que su proyecto despierte entusiasmo social y presione a los partidos políticos para actuar. “La gente tiene que hacer suyo este sueño”, dijo Ceria. “No es solo una reforma de estadio: es una oportunidad para reimaginar Santander”.
Y mientras los plazos administrativos empiezan a correr, la maqueta del Nuevo Sardinero queda sobre la mesa como una promesa: la de un estadio que mira al futuro, entre el verde de las montañas y el azul del Cantábrico.




