Cantabria atraviesa una caída progresiva en su índice de natalidad, que desde 2008 hasta 2023 ha descendido año tras año, hasta el punto de liderar el desplome de natalidad en la Unión Europea, con una reducción del 49 % desde el boom de fecundidad registrado hace 17 años y cerrando 2023 con el peor dato de la serie histórica: 3.148 nacimientos. Según las últimas cifras del Instituto Nacional de Estadística (INE), hasta julio de 2025 la región presenta un descenso del 3,6 % respecto al mismo periodo de 2024, pasando de 1.798 nacimientos a 1.734.
Si bien en 2024 se produjo un respiro: Cantabria incluso se situó como la comunidad autónoma con el mayor incremento porcentual de nacimientos respecto al año anterior, con un aumento del 13,3 %. Sin embargo, este breve repunte fue solo un oasis en medio del desierto demográfico. El balance global sigue siendo preocupante y refleja la realidad de unas estructuras familiares que han evolucionado bajo dos factores clave: el cambio de perspectiva generacional y los condicionantes socioeconómicos actuales, estrechamente interrelacionados y determinantes en las decisiones sobre la maternidad y la paternidad.
El estilo de vida de los jóvenes cántabros prioriza cada vez más destinar sus ahorros y recursos a otros asuntos antes que a formar una familia. Esta tendencia se evidencia en la diferencia entre el número de partos de 1957 (9.737) y los de 2024 (3.372), lo que supone una caída de 6.365 nacimientos. Las prioridades personales y profesionales, orientadas al desarrollo individual y, en muchos casos, condicionadas por los elevados costos de criar a un hijo, han provocado una revolución estadística sin precedentes en las tasas de natalidad.
Carmen De Manuel, madre de tres hijos, uno de ellos de apenas un año y unos meses, afirma que “la gente no quiere tener hijos porque son más quebraderos de cabeza en su día a día”. La vecina de Villanueva de Villaescusa explica que existe una escasez de actividades dirigidas a concienciar a la juventud sobre lo que implica traer una persona al mundo: “Falta preparación para todas esas madres que tienen muchas dudas sobre cómo cuidar a sus hijos o cómo manejar la lactancia materna”.
La madre de Gonzalo, Susana y David señala que las ayudas estatales —como la baja por maternidad y paternidad—, así como el servicio de madrugadores o las ludotecas, no son soluciones óptimas para un recién nacido, que requiere cuidado parental diario y no únicamente conciliación de horarios laborales. “Si se quiere revertir esta tendencia, hay que facilitar un poco más las cosas; actualmente no se ofrece suficiente apoyo a los nuevos padres”, añade.
Asimismo, manifiesta que la sociedad centra demasiada atención en el aspecto económico y relata que conoce familias numerosas, con hasta cinco hijos, cuyos miembros ocupan puestos de trabajo con retribuciones modestas, como cocinera o encargado de mantenimiento, y aun así logran cumplir su objetivo de vida: que sus hijos sean felices.
Carmen De Manuel: “Quien decida no tener hijos puede que se arrepienta toda la vida, ya que es una de las mejores sensaciones que existen”
Ante la cada vez más común ansiedad juvenil por el proceso de dar a luz, Carmen, recordando su último embarazo, comenta: “El grupo médico de Valdecilla es espectacular y está súper bien formado. Me hicieron vivir un proceso muy tranquilo, nada estresante, siempre pendientes del bebé y de mí”. No obstante, aclara que existen diferencias entre su primer parto y el último: “Hace diez años todo era totalmente lo contrario a lo que se vive en la actualidad. El hecho de dar a luz es un momento que ahora te hacen ver como algo mágico, es decir, un momento dulce en el que vas a conocer un amor a primera vista”.
Marta Arriola, matrona del Hospital Universitario Marqués de Valdecilla, explica que las técnicas actuales para garantizar la seguridad y el bienestar de las madres han evolucionado hacia el uso de monitores de registros cardiotocográficos. Estos aparatos permiten escuchar el corazón del bebé y supervisar la tripa de la madre mediante un transductor. Además, Arriola reconoce que, ante la disminución del volumen de partos, “ahora se atiende con mayor comodidad porque no tienes que trabajar corriendo. Más o menos, hay una matrona por cada mujer y se ofrece una atención personalizada”.
Asimismo, la profesional del cuidado de la mujer durante el parto explica lo que, para ella, son las razones del descenso de los nacimientos en Cantabria desde 2008: “Se ha encadenado una crisis tras otra, lo cual, unido al aumento de la especialización requerida en los trabajos, ha provocado que la independencia de la casa familiar llegue más tarde”. Con vistas al futuro, añade que “en algún momento la tendencia deberá cambiar o todo terminará en un desastre para el modelo de vida cántabro”.
Marta Arriola: “A nivel social, ya no está tan mal visto ni se juzga tanto el no tener hijos”
“Perrijo”
El Registro de Animales de Compañía en Cantabria data de 270.828 perros en toda la región, lo que cuadriplica el número de niños cántabros –entendiéndose como menos de 12 años–, que suman 57.423 según el Instituto Cántabro de Estadística (ICANE) y denota una tendencia hacia adoptar una mascota antes que educar a un menor. Las últimas generaciones ven en los animales de compañía una vía de construir una familia sin asumir tanto grado de responsabilidad, dedicación o gasto.
Este nuevo modelo de familia, que ha llegado con influencia de los Estados Unidos, se ha asentado en todo el territorio nacional, donde ya conviven unos 9,3 millones de perros registrados, lo que supone un 30% más que menores de 14 años —un total de 6,24 millones— según el INE.
Más allá de la comparación numérica, los expertos en sociología familiar apuntan a que los perros no solo ocupan un lugar afectivo dentro del hogar, sino que también generan redes sociales y comunitarias: pasear al perro en plazas y parques se convierte en un punto de encuentro, favorece la cohesión vecinal y hasta impacta en la salud pública al fomentar la actividad física diaria. Así, la “humanización” de las mascotas no solo refleja cambios en el concepto de familia, sino que también reconfigura la vida social y urbana.




