Entre la fuerza del viento que sopla sus montañas y la bravura del mar que azota sus playas, se erige Cantabria, una comunidad que guarda un tesoro cultural que ha resistido el paso del tiempo gracias a sus canciones, bailes y tradiciones. El folclore cántabro constituye una parte importante del legado cultural de la región y narra la historia y la identidad de un pueblo que defiende sus raíces.
Las asociaciones folclóricas de la comunidad luchan hoy en día contra el olvido de estas tradiciones populares, que han resistido el paso de los años, transmitiéndose de generación en generación hasta llegar a nuestros días. Uno de los mayores desafíos que enfrentan para la preservación del folclore cántabro es el relevo generacional. El portavoz del grupo folclórico Los Picayos de Viérnoles, Gonzalo Poyatos, explica que “el mayor desafío al que se enfrenta el folclore es que siga calando en la etapa infantil”.
Para afrontar este problema, se han abierto escuelas de folclore en la comunidad con el objetivo de visibilizar la cultura regional. En estas escuelas se fomenta el folclore tanto entre los niños pequeños como entre las personas mayores, quienes encuentran en ellas un vínculo con sus raíces.
Pese a que existe un gran número de abandonos en la etapa de la adolescencia dentro de los grupos de folclore, Poyatos asegura que “la semilla ya queda plantada”. Además, matiza que “siempre llega un momento en que, al crecer y convertirse en adulto, como ha sido mi caso, de repente te das cuenta de que esta actividad te recuerda a tu infancia, a tu tierra, a tus valores; y algunos nos reenganchamos de nuevo”.
En estas escuelas recalcan la importancia de crear un ambiente acogedor y respetuoso para los niños participantes. Ante ello, Poyatos enfatizó: “Desde los grupos de folclore intentamos que las situaciones no se fuercen, que los niños que participan se sientan a gusto y que, en el momento en que decidan dejarlo, no se les obligue, para que recuerden esta actividad gratamente”.



Los alumnos de estas escuelas manifiestan el deseo de empatizar con la historia de su pueblo, sumergiéndose en las tradiciones que forman parte del folclore. La adolescente Yaiza Blanco, miembro del grupo folclórico Los Picayos de Viérnoles, explica: “Me gusta el folclore porque me encanta saber cómo eran las generaciones pasadas y sentir lo que sentían ellos”.
Aparte de las escuelas y grupos de folclore, los colegios también están comenzando a participar activamente en la educación cultural. Poyatos asegura que “se está empezando a difundir el folclore en algunos colegios, pero para ello también es importante la documentación”.
Importancia de la documentación
La labor de documentar el folclore no solo implica la recopilación de datos objetivos; también requiere la inmersión en las comunidades locales, escuchando las historias de los ancianos y observando las prácticas culturales en su contexto natural. La documentación del folclore es un acto de preservación cultural arduo. Poyatos sostiene que “a veces no es fácil encontrar documentación sobre el folclore” y matiza que “para la preservación del folclore es importante que éste se documente y se divulgue adecuadamente”.



Impulso al folclore
Tras la pandemia de la COVID-19 y el consiguiente parón de la actividad cultural, las instituciones pusieron en marcha diferentes proyectos para reactivar el folclore. A través del programa “La cultura contraataca”, con el proyecto “Origen”, se implicó a todos los grupos folclóricos de Cantabria para que regresaran a los escenarios. Ante ello, Poyatos afirma que “lo que en un primer momento fue un parón, posteriormente se convirtió en un impulso para el folclore cántabro”. Además, matiza que “vivimos un momento en el que el folclore es una actividad muy valorada en Cantabria”.
La persistencia de festivales, eventos y grupos dedicados a su promoción y preservación, no solo mantienen viva la llama del folclore; sino que también fomentan el intercambio cultural y la apreciación de la diversidad dentro y fuera de Cantabria. El rabelista cántabro Chema Puente (1951-2024) recalcó en su día que “tenemos que agradecer a los ayuntamientos que impulsan este tipo de eventos, ya que sin ellos el folclore no se visibilizaría”.
Chema Puente: “Antes no había internet y se tenía que entretener a los niños contándoles historias y cantando”




