Un periodismo de personas para personas

Valentín Carrasco revalida su título mundial al comer 17 sobaos en 8 minutos: “Después del campeonato, tenía hambre y me fui a cenar con mi pareja a un asador”

El youtuber murciano se corona campeón del IV Campeonato Mundial de Comedores de Sobaos de Ambrosero por tercer año consecutivo, aunque no bate su récord del concurso pasado
Valentín Carrasco celebrando junto a su premio de campeón mundial en comer sobaos | EFE

Cantabria es mucho más que una postal de verdes infinitos y acantilados batidos por el Cantábrico. Es una tierra que se siente, que se escucha en el murmullo de sus tierras y en la cercanía de su gente, que se celebra en sus fiestas y se honra en sus mesas. Porque aquí, donde la montaña se abraza con el mar, la identidad no sólo se construye con paisajes o leyendas: se saborea. Y entre todos los sabores que definen el alma de esta región del norte de España, hay uno que late con especial dulzura en el corazón de sus valles: el sobao pasiego.

Originario de los Valles Pasiegos —comarca de prados verdes, casas de piedra y nieblas matinales—, el sobao es más que un simple dulce. Es una declaración de amor a la sencillez bien hecha, un homenaje a la vida rural, un ‘trocito’ de la infancia de cada cántabro y de cada cántabra. A primera vista, podría confundirse con un bizcocho común, pero quien lo ha probado sabe que ese color amarillo encierra una textura única, casi mágica: tierna, húmeda, esponjosa… como si recogiera en cada bocado el aliento cálido de una cocina de antaño.

El sobao nace de ingredientes humildes, nobles: harina, azúcar, huevos y, sobre todo, mantequilla. Una mantequilla auténtica, de leche recién ordeñada, que lleva el alma de las vacas que pastan por las laderas de los montes pasiegos. 

Y es que, aunque el mundo cambie, aunque las modas vayan y vengan, hay cosas que resisten al tiempo. El sobao es una de ellas. Pero también hay quienes, sabiendo del valor de este alimento —como si de un embajador de la región se tratase—, se atreven a reinventar el universo gastronómico con ideas que rozan la locura. Carlos Cobo, dueño del obrador local Sobaos Escojo, es uno de ellos.

Alrededor del mundo existen numerosos campeonatos mundiales: de fútbol, de ajedrez, e incluso de lanzamiento de hueso de aceituna… pero un día, a Cobo se le ocurrió una idea diferente: “¿Y por qué no organizamos un campeonato mundial de comer sobaos?”. Tras hablarlo con competidores que se habían pasado por su comercio, se lo propuso a Ángel Moncalián, el presidente de la Junta Vecinal de Ambrosero, a quien le pareció bien, y así fue como nació la idea.

En Ambrosero se encuentra la tienda y el obrador de Sobaos Escojo, la empresa de Cobo, por lo que “era el lugar ideal. Me ha pasado muchas veces que, cuando alguien me preguntaba ‘¿De dónde eres?’ y respondía ‘De Ambrosero’, siempre te decían lo mismo: ‘¿Y eso dónde está?’ Y tú tenías que decir: ‘Entre Gama y Beranga’. Pues bueno, ahora ya, cuando preguntan ‘¿Dónde está Ambrosero?’, la respuesta es: ‘¡Donde se celebra el Campeonato Mundial de Comedores de Sobaos!’”.

De su origen hace ya cuatro años, en 2025 el pueblo de poco más de 200 habitantes de Ambrosero ha acogido lo que es la cuarta edición de este campeonato, cuyo objetivo principal comenta Cobo que “continúa siendo el mismo: promocionar el sobao y la leche de Cantabria, que es la mejor leche de España”.

A pesar de ser una competición igualada, en la que participan personas con una amplia capacidad para comer, las últimas tres ediciones comparten un denominador común: Valentín Carrasco, quien ha salido vencedor en todas ellas. En su primer año, Carrasco comió 16 sobaos, el segundo año ascendió a 17 y, en esta última edición, ha igualado su mejor marca, comiendo 17 en tan solo 8 minutos, lo que lo convierte en el actual poseedor del récord histórico del mundial.

Desde Galerna Press hemos tenido la oportunidad de hablar en exclusiva con Carrasco, quien nos ha explicado que su objetivo de este año ”era superar los 17 sobaos”. Aunque lo consiguió, no lo hizo según los estrictos parámetros establecidos por las reglas del concurso: «Comí 18, pero como dejé algunas migas, eso también cuenta. Hay que dejarlo todo limpio, y al final, las normas son las normas. De hecho, fue Carlos quien me lo preguntó: ‘¿Quieres que contemos esto?’ Yo le respondí que ‘sí’. Hay que ser legal».

ValFerrer, quien asegura ser “el primer español en participar en un concurso oficial de comida en Estados Unidos”, comenta cómo dio sus primeros pasos en este tipo de competiciones: “Fue durante unas vacaciones de verano. Yo estaba trabajando como militar en el norte, en Galicia, y con las vacaciones me fui a Málaga para disfrutar de la feria y su gastronomía. Un primo mío me acompañaba y me dijo: ‘¿Te das cuenta de que te has comido lo mismo que los cinco que estamos en la mesa?’. Y así empezó un poco todo. Me comentó que cerca de allí había retos de comida, que eran pequeños, de 2 kilos, 2 kilos y medio. Y yo pensé: ‘Bueno, por probar…’. Él hizo la reserva. A los pocos días hice el reto, que no me llenó, y después seguí comiendo en el restaurante.

Valentín Carrasco: “En mi día a día no como tan rápido, pero sí suelo comer en cantidades de 4, 5 o 6 kilos”

El campeón, que sigue invicto al no participar en la primera edición, comenta que no se prepara de manera especial los días previos a la competición y que su única estrategia, en comparación con el resto de competidores, es beber y comer más rápido: “A mí me da igual tener que beber mucho, ya sea leche o agua. Al final es mojar y simplemente puedes engullir y no parar. Pero mis compañeros, por ejemplo, beben muy poco. A lo mejor se toman un litro o un litro y medio para los 10 sobaos que se comen ellos. Yo me tomé tres bricks de leche de un litro y un litro y medio de agua”.

En la misma línea, el murciano especifica que, durante los días de competición, tampoco tiene un proceso específico de digestión post-atracón. De hecho, tras llegar a ingerir 17 sobaos, comenta: “Después del campeonato, tenía hambre y me fui a cenar con mi pareja a un asador que se encontraba debajo del lugar donde nos alojamos”.

Además, se abre y revela cuál ha sido el reto que más ilusión le hizo, que también fue el más difícil, pero no por la comida en sí, sino por factores externos: “Fue la competición de comer bolas Walls, que son como donuts, en la Major League Eating. Más que difícil, lo que pesaba era la presión de tener a mis compañeros frente a mí y a miles y miles de personas observando. Nunca había vivido algo así”.

Con la ambición intacta, el cartagenero sigue sumando retos a su carrera, en la que ya brilla con otros logros como el de campeón mundial de croquetas tras comer 237 unidades en apenas 2 horas y 55 minutos, superando así la marca de Patxi Bollos, un carretero vasco que, según cuentan las leyendas locales, llegó a comer 236 croquetas en un solo día.

Próximos campeonatos

Un show, el Campeonato Mundial de Comedores de Sobaos, que Cobo quiere ir haciendo evolucionar poco a poco: “Si conseguimos más patrocinadores, esto seguirá creciendo. El premio por batir el récord aumentará cada año: en la próxima edición serán 3.000 euros, y la intención es seguir subiendo hasta alcanzar los 6.000. Además, esperamos atraer a cada vez más participantes internacionales”.

El futuro del campeonato es la prueba de que las tradiciones pueden encontrar caminos insospechados para perdurar. Con más ediciones por venir, premios en aumento y participantes de distintos rincones, Ambrosero se ha ganado un lugar en el calendario de las citas gastronómicas curiosas. Y es que lo que empezó como una ocurrencia ha puesto a un pueblo —y a toda una región— en boca de todos.

Autor

Comparte esta noticia

Noticias relacionadas

Suscríbete a nuestras noticias
Un periodismo de personas para personas
Valentín Carrasco celebrando junto a su premio de campeón mundial en comer sobaos | EFE